ENCUENTRO ECUMÉNICO ANTE LA VIOLENCIA DE GÉNERO Y LA TRATA DE PERSONAS
Preocupados por “la situación de la mujer, su rol en la sociedad, su desvalorización y cosificación como persona”, la diócesis de Lomas de Zamora junto a otras iglesias cristianas (Metodista, Bautista, Anglicana, Presbiteriana, Luterana y Evangélica Armenia) realizará un encuentro de oración y reflexión, ante la problemática de la explotación sexual, el acoso, la violencia de género y la trata de personas.
El encuentro será el 29 de noviembre, a las 19:30, en la Plaza Grigera de Lomas, frente a la catedral Nuestra Señora de la Paz.
“Un modo cultural va invadiendo la vida social, de tal manera que, en muchos casos, hace que parezcan normales algunos disvalores, que atentan contra la dignidad humana”, advirtió el vicario general de la diócesis, monseñor Jorge Vázquez, al hacer la convocatoria a esta reunión. Y agregó que “en el ámbito de nuestros colegios y fuera de ellos, se dan entre los adolescentes, situaciones tales como el bullyng y el abuso sexual, del que, generalmente, son víctimas las mujeres. Esto nos interpela y mueve a ser solidarios con las personas que sufren estos hechos, compartiendo su dolor. No queremos caer en la indiferencia social evadiendo responsabilidades. Es nuestra vocación por la vida la que nos interpela sabiendo que todos somos constructores de cultura, al mismo tiempo que nos mueve la esperanza de que juntos podemos ser agentes de cambio para el bien”.
En este sentido, se elaboró una “guía de reflexión” (ver adjunto) "para que tal vez pueda servir como motivación para una mayor toma de conciencia sobre esta realidad que nos afecta”.-
GUIA DE REFLEXIÓN
Propuesta
“Por favor, sean valerosos, valerosas: caminen a contracorriente de esta civilización que nos está haciendo tanto mal. ¿Entendieron? Caminen hacia delante, pero siempre con los valores de la belleza, la bondad y la verdad”.
Papa Francisco, Jornada Mundial de la Juventud, Río de Janeiro, julio 2013
“Todas/os tenemos derecho a una vida libre de violencia”.
Ley 26.485
Dolor es la palabra con la que significamos los hechos que ocurrieron y ocurren en nuestra comunidad de Lomas de Zamora en relación a la violencia de género, que se manifiesta de diversas maneras y está vinculada tanto a la mujer considerada como objeto, como al abuso y a la Trata, que es una nueva forma de esclavitud. Dolor que nos interpela como personas y como sociedad y es expresión concreta de solidaridad con las víctimas.
En consecuencia, ante esta realidad, que afecta a un gran número de adolescentes y jóvenes, ¿Cómo podemos acompañarlos para que puedan vivir una vida digna, auténtica y plena en tiempos de relativismo ético y anomia social? ¿Qué lugar tenemos que ocupar los adultos frente a los adolescentes y jóvenes acechados por la adrenalina del vértigo, la indiferencia del individualismo y la omnipotencia del hedonismo? ¿Cómo nos posicionamos las instituciones ante las situaciones difíciles, críticas, incluso violentas, originadas en espacios privados y redes sociales en las que quedan, muchas veces, atrapados nuestros jóvenes?
Francisco, invitaba a los jóvenes a que vayan a contracorriente de esta civilización que nos está haciendo tanto mal. Es decir, que vayan contra una época caracterizada por el relativismo axiológico, en el que todo vale, en el que se desvaloriza la propia vida, dado que puedo hacer con ella y con la vida del otro lo que me dé la gana, porque no hay límites ni frenos. Tiempos en que la vida, las personas y la dignidad no valen en sí mismas, nada. Están vacías de significados trascendentes.
En este contexto socio cultural se visualiza como problemática específica la violencia de género, situación que, en lo cotidiano, va apareciendo como normal, siendo así de difícil abordaje. Cuando hablamos de género nos referimos a la categoría relacional que establece lugares diferenciados jerárquicamente para hombres y mujeres. Sobre esta base se estructuran estereotipos que constituyen modelos socialmente aceptados que asignan características opuestas para uno y otro, promoviendo antagonismos y asimetrías, legitimando comportamientos y modos de vincularse que se cristalizan en relaciones de poder que generan, muchas veces, vínculos violentos.
La violencia contra las mujeres es un problema social que, a lo largo de la historia de la humanidad no fue siempre visible, pues se la trató de ocultar. Actualmente, se va dando con mayor frecuencia también entre nuestros adolescentes y jóvenes adoptando formas asociadas a la violencia física, la violencia psicológica y la violencia sexual.
Se ha tergiversado el rol del varón ubicándolo en la vinculación con la mujer ya no como complemento en la compañía de la vida sino como objeto utilitario.
Frente a esto sostenemos, como Francisco, que la etapa de la juventud es en la que se abrazan los grandes ideales. Los jóvenes tienen en su corazón una promesa de esperanza, son portadores de esperanza, artífices del futuro, constructores del futuro.
Ahora bien, ellos necesitan ser acompañados, necesitan de referentes, padres, docentes, adultos que, mediante el compromiso y diálogo, los ayuden a caminar. Adultos atentos con las manos tendidas, dispuestos a socorrerlos en las caídas y a orientarlos para seguir andando por el camino de la vida. Una de las causas de la actual problemática de los adolescentes es el abandono afectivo en que se encuentran por parte de quienes debieran dárselo. Muchos de ellos viven en una profunda soledad que los impulsa a buscar caminos que llevan al sinsentido y a la muerte. No es casual el crecimiento del número de suicidios de adolescentes.
Instituciones como la familia y la escuela, entre otras, son las que validan, forman y determinan roles de género. Ellas designan lo valorado y lo devaluado, lo que está permitido y lo que no, lo decible y lo no decible, desempeñan una función esencialmente simbólica, la formación de los jóvenes y de los modos de relacionarse con las/os otras/os.
En este sentido, es importante proporcionar a los adolescentes y jóvenes criterios y normas de convivencia claras. La norma marca límites, nos permite saber con claridad cuáles son las reglas de juego que nos posibilitan relacionarnos, comunicarnos, respetarnos, vivir juntos. La norma prohíbe y al mismo tiempo habilita. Las normas son valores, son marcos de referencia. Cuando estos marcos se desdibujan o son ambiguos, sobreviene la incertidumbre, se confunden los roles y también las responsabilidades.
La escuela, como ámbito de formación integral de la persona, resignifica la vida cotidiana. Lo que pasa fuera del colegio no puede quedar ajeno a la Institución. La violencia de género nos incumbe a todos/as. Muchas veces sentimos la falta de preparación para abordar problemáticas sociales complejas y/o selladas por la privacidad. Entonces debemos hacernos la pregunta que Francisco hizo en Copacabana: “¿Cómo quién quieren ser, como Pilatos, que se lavó las manos? ¿Ustedes son de los que se lavan las manos y miran para otro lado?” La escuela como espacio abierto debería ser el lugar en donde pensemos y reflexionemos lo que pasa fuera y dentro, donde aprendemos a convivir, donde nos iniciamos en la construcción ciudadana de un mundo mejor.
Familia y escuela, padres y docentes en comunión bregando por erradicar la violencia de género y otras formas de esclavitud y degradación de la persona, comprometidas en ofrecer un auténtico sentido de la vida a nuestros jóvenes, en primer lugar a través del testimonio de la coherencia de vida. Además existen otras posibilidades, entre ellas, el trabajo conjunto por ejemplo en talleres, jornadas, espacios artísticos… no esquivando el problema, haciéndolo visible, transformándolo en objeto de análisis y reflexión.
La violencia de género es una problemática de base cultural, se aprende y se puede desaprender proponiendo nuevos códigos y vínculos. Podemos y debemos prevenirla, abordarla. La máxima expresión de violencia de género es el femicidio frente al cual ya no podemos hacer nada.
Para nosotros, cristianos, es el momento de ayudar a recrear un nuevo humanismo que ponga en el centro el valor y la dignidad de la persona creada a imagen de Dios. Por otro lado, el hombre es esencialmente un ser social, de ahí que nadie puede realizarse en una comunidad o una sociedad que no se realiza. Y nadie puede ser totalmente feliz rodeado de la infelicidad de muchos. Desde esta perspectiva, la palabra clave capaz de transformar y crear una auténtica y nueva cultura es el AMOR.
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