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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Tres nuevos ministros para la Iglesia en Lomas de Zamora

Tres nuevos ministros para la Iglesia en Lomas de Zamora 
Miercoles20 Nov 2013 | 12:08 pm
 (Crédito foto: Enrique Cangas)
Burzaco (Buenos Aires) (AICA): En el final del Año de la Fe, el obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones SJ, ordenó el sábado 16 dos presbíteros y un diácono. Los nuevos sacerdotes son Jorge Rodríguez y Marcelo Romano, en tanto que Osvaldo Mouriño es el flamante diácono en camino al ministerio presbiteral. “Dios quiere regalarles con este sacramento el don de la paternidad, que se recibe con el orden, pero que se va amasando en el corazón del discípulo de Jesús cuando se deja formar el corazón por su pueblo”, expresó el obispo en la misa celebrada en el colegio San José, de Burzaco.

 En el final del Año de la Fe, el obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones SJ, ordenó el sábado 16 dos presbíteros y un diácono. Los nuevos sacerdotes son Jorge Rodríguez y Marcelo Romano, en tanto que Osvaldo Mouriño es el flamante diácono en camino al ministerio presbiteral.
 “Dios quiere regalarles con este sacramento el don de la paternidad, que se recibe con el orden, pero que se va amasando en el corazón del discípulo de Jesús cuando se deja formar el corazón por su pueblo”, expresó el obispo en la misa celebrada en el colegio San José, de Burzaco.
 Monseñor Lugones explicó en su homilía que Dios quiso regalarles el don de la “paternidad”, que es un servicio universal y entrega un amor libre y liberador para justos y pecadores. También les advirtió de que la tarea sacerdotal desgasta, aunque los animó a perseverar en la ternura, el esfuerzo y la constancia. Los exhortó a hacer crecer, animar, delegar y saber entregar a tiempo el fruto de Dios.
 “Ante nuestros cansancios en el ministerio, debemos preguntarnos si es realmente por el peso de la paternidad, que implica la universalidad del rebaño, este es un cansancio bueno, que Dios pondera. O nos han desgastado el protagonismo, la vanidad, o el armarnos rediles seleccionados que nos adulan, pero no nos han llenado el corazón”, observó.
 En su homilía, el obispo también recordó a los mártires rioplatenses, san Roque González de Santa Cruz, y sus compañeros Alonso Rodríguez y Juan del Castillo. Comentando sus vidas, hizo apreciar a los presentes el sentido de la “misionalidad” de estos venerables misioneros que evangelizaron a las poblaciones guarnaíes del NEA. Finalmente, confió a María el ministerio que los candidatos comenzaron el pasado sábado.
 El flamante presbítero Rodríguez continuará colaborando en la parroquia San Francisco de Asís, de la localidad de Llavallol, y se dedicará especialmente a animar la Pastoral de Juventud; el padre Romano será vicario en Santísimo Sacramento en la localidad de Numancia, en el partido bonaerense de Presidente Perón; el diácono Osvaldo Mouriño, por su parte, brindará su ministerio en la parroquia Inmaculada Concepción de Burzaco.
 Con las dos ordenaciones presbiterales, la Iglesia de Lomas tiene ahora 64 sacerdotes pertenecientes al clero diocesano.+


Misa de ordenaciones 
Homilía de monseñor Jorge Lugones SJ, obispo de Lomas de Zamora, en la misa de la misa de ordenaciones de Jorge Rodríguez, Marcelo Romano y Osvaldo Mouriño (16 de noviembre de 2013)
 Vísperas de los SS. MM. Roque González de Santa Cruz, 
 Alonso Rodríguez y Juan del Castillo 
 Núm. 11, 11b-12.14-17.24-25ª; 
 1Tim: 4,12b-16; 
 Lc. 22,14-20.24-30 

 Queridos hermanos 
 Queridos hijos 
 Dios quiere regalarles con este sacramento el don de la “paternidad”, que se recibe con el orden, pero que se va amasando en el corazón del discípulo de Jesús cuando se deja formar el corazón por su pueblo. La paternidad de Jesús heredero del Padre no está acotada a un círculo o grupo o cierta comunidad, tiene una connotación de universalidad. Jesús predica un servicio a todos, como consecuencia de un amor libre y liberador que debe ser ofrecido a todos los hombres. La verdadera novedad que nos trae es abarcar en un mismo servicio a justos y pecadores. El pastor, el que tiene un corazón de Padre está atento al que quedó en casa, a quien intenta convencer, como al que se ha alejado, y con constancia sabe esperar. 
 Moisés el mediador, un padre con gran bondad, ora por su pueblo a Dios, comparte y representa ante Dios el peso del ministerio encomendado. “¿Acaso soy yo el que concibió a este pueblo o el que lo dio a luz, para que me digas: Llévalo en tu regazo como la nodriza lleva al niño de pecho, hasta la tierra que juraste dar a tus padres?” Le pesa al patriarca la paternidad que Dios a delegado en él, sabe que servir es consolar, animar, comprender, dar esperanza. Moisés consuela y anima, aunque él mismo se sienta a veces desconcertado, desolado por la carga de conducir a los hermanos. Pero el Señor lo socorrerá, le enviará ayuda, sentido del trabajo en cuerpo: “Asi podrán compartir contigo el peso de este pueblo, y no tendrás que soportarlo sólo”. 
 El Señor reconoce su entrega dándole ayudantes que compartan la tarea del pastoreo, reflejando que es un trabajo que desgasta, ser padre conlleva la responsabilidad de hacer crecer, de animar, de delegar y saber entregar a tiempo el fruto de Dios: los hijos, que no nos pertenecen, porque somos simples servidores. 
 Así Jesús en el Evangelio de Lucas confía a los apóstoles: “Ustedes que han permanecido siempre conmigo (fidelidad) en medio de mis pruebas. Por eso yo les confiero la realeza (dignidad, paternidad) como mi Padre me la confirió a mí”. 
 Ante nuestros cansancios en el ministerio, debemos preguntarnos si es realmente por el peso de la paternidad, que implica la universalidad del rebaño, este es un cansancio bueno, que Dios pondera. O nos han desgastado el protagonismo, la vanidad, o el armarnos rediles seleccionados que nos adulan, pero no nos han llenado el corazón. 
 El premio de la ternura, el esfuerzo y la constancia de la paternidad, dice el Evangelio es sentarse a la mesa del Reino con el Señor. 
 La figura de los mártires rioplatenses (riograndenses) nos ayudan a valorar el sentido de la misionalidad. Ellos sin dejar de enseñar, labrar la tierra, cuidar enfermos, construir casas, dar de comer, catequizar, nos muestran que habían sentido a fondo el misterio de la Encarnación del Verbo, que aceptó hacerse cercano para derramar la misericordiosa paternidad de Dios, en la centralidad del bautismo, que los hacía sus hijos para siempre, ellos se sintieron hermanos y padres del pueblo. 
 Roque Gonzalez de Santa Cruz había nacido en Asunción del Paraguay, se había criado entre españoles e indios, hablaba además del castellano, el guaraní, sus dos compañeros de martirio: Alonso Rodríguez y Juan del Castillo habían nacido en España vinieron a estas tierras siendo seminaristas y terminaron sus estudios en el Colegio Máximo de Córdoba, donde se ordenaron sacerdotes entre 1624-1625. 
 Roque fue enviado primero a apaciguar a la tribu de los belicosos guaicurúes, luego fue Superior regional de las misiones, fundador de treinta pueblos, pulió, añadió puntos propios y completó en catecismo de Lima, que el P. Bolaños había traducido al guaraní. 
 Pero el rasgo que hoy queremos destacar es su paternidad. Dice uno de sus historiadores, el P. Blanco: “Llegó a amarlos como a hermanos y ellos le correspondieron con la sinceridad del amor de los hijos para con su padre”. 
 Esta última afirmación no es exagerada: entraña el núcleo mismo de la actitud de estos tres hombres. Sabían de ternura y de cariño para conocer el alma de su pueblo… hacia el fin de la historia (en Caaró y Pirapó) sonará desgarradora la respuesta de los indios al P Romero quien fue a comprobar el martirio en el lugar, cuando les preguntó a los indios por los padres, ellos respondieron: “ya no tenemos padres que los han muerto”… un sentimiento filial de esos hombres y mujeres que revolvían entre los restos de la hoguera buscando reliquias mientras decían a quienes se mostraban aprensivos ¿Cómo siendo nuestros padres habremos de tener asco?. 
 Decía hace un tiempo el Papa Francisco. “Estoy convencido que para comprender la proyección cultural y evangelizadora de los Santos Mártires es necesario adentrarse en esta actitud del corazón: la paternidad. Si quisiéramos decirlo en lenguaje corriente afirmaríamos que se jugaron a tener hijos, y eso implica cariño, ternura, capacidad de dar la propia vida. Son los Santos Mártires porque fueron (y son) los padres de un pueblo. Todo proyecto de paternidad entraña una dimensión de grandeza cuya raíz es la aceptación del autotrascenderse. 
 El proyecto de estos hombres es un proyecto de grandeza, su vocación convoca a la grandeza, cualitativamente distinto de cualquier proyecto de tipo inmanente, mezquino en sí mismo. Al ser un proyecto de paternidad tiende necesariamente a dar vida, a hacer conocer la libertad… Es un proyecto de libertad cristiana de hacer libres a los hombres, y que tendrá su centro en las Reducciones…llegarán a ser treinta, quince en el actual territorio argentino, siete en Brasil y ocho en Paraguay…” (1). 
 El mismo Roque explica, sobre la dignidad del indio y la importancia del Bautismo: Los domingos y en las fiestas se predica durante la Santa Misa precediendo a ella la explicación del catecismo…No mucho después del almuerzo… se les enseña por espacio de dos horas a leer y escribir. Asisten los catecúmenos, los cuales después de la salida de los muchachos, reciben su instrucción por una hora más sobre todo lo que se refiere al bautismo… entre los que han sido bautizados este año unos ciento veinte estaban uno antiguos hechiceros. El P. Provincial les escribe: 
 Cuando se trata de bautizar a algunos y su desnudez pudiera ser obstáculo para ello, es necesario que de parte de los nuestros se les dé gustosamente hasta la camisa. 
 “La ceremonia del bautismo era central en toda la vida de una Reducción, pero no se trataba de algo separado, como ajeno. Todo iba unido, y sin embargo, no se confundía. Estos hombres habían sentido a fondo el misterio de la Encarnación del Verbo, la contemplaban “así nuevamente encarnado”: labraban, embarraban para construir casas y templos, daban de comer, enseñaban oficios, adoctrinaban, cuidaban enfermos, bautizaban… En todo buscando hacer salir a luz la dignidad del indio. Todas estas actividades iban juntas pero nos las confunden: en el bautismo hay algo cualitativamente distinto” (2). 
 Pediremos este don de la paternidad para estos ordenandos, el pueblo de Dios los consagra llamándolos: padre, ojalá sea: “Qué apóstol es este padre”, “Que bondad tiene el padre”… “Como nos acompaña el padre…” esto nos va formando el corazón. Otras expresiones nos hacen quedar mal: “A mí me lo dijo el padre…” “Al padre no le gusta…” “Si el padre no quiere, no se hace”. 
 Seguidamente en la Plegaria de ordenación pediremos: 
 Sean con nosotros fieles dispensadores de tus misterios para que tu pueblo se renueve con el baño del nuevo nacimiento y se alimente de tu altar, para que los pecadores sean reconciliados y sean confortados los enfermos. 
 El apóstol Pablo, contempla a Cristo, sacramento del Padre, nos centra en el don de Cristo, que nos llama hijos, el es nuestro salvador, que ha depositado en nuestro ministerio una esperanza que no podemos prodigar. “No malogres el don espiritual que hay en ti y que te fue conferido mediante una intervención profética (elección) por la imposición de las manos del presbiterio (signo de comunión eclesial del Espíritu Santo). Si obras así te salvarás a ti mismo (generosidad de Dios) y salvarás a los que te escuchen” . Lo anunciamos con palabras y gestos, desde el ejercicio de mediadores, en unión al único mediador, Maestro, Sumo Sacerdote y Pastor, que nos hace partícipes de la paternidad. 
 Recuerden que han sido elegidos de entre los hombres y puestos al servicio de los hombres en las cosas que se refieren a Dios. Tengan siempre el ejemplo del Buen Pastor que no vino a ser servido sino a servir y buscar y salvar lo que estaba perdido. 
 Les deseo que por la intercesión valiosa de los SS. MM. Rioplatenses hagan brillar la Paternidad de Dios sobre su pueblo, desde la misericordia, la paciencia, la cercanía y la ternura. Confío su ministerio a la protección maternal de la Virgen: Nuestra Señora de la Paz, que les alcance del Buen Pastor la gracia no sólo de la perseverancia, sino de la fidelidad de morir con la estola puesta.- 

 Mons. Jorge Lugones SJ, obispo de Lomas de Zamora

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