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jueves, 27 de junio de 2013

Día Internacional de la Lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas - Mensaje del obispo diocesano

Día Internacional de la Lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas
Mensaje del obispo diocesano


 “Muchas son las personas heridas por la vida,
excluidas del desarrollo económico,
sin un techo, una familia, o un trabajo;
 muchas se pierden tras falsas ilusiones
 o han abandonado toda esperanza”

Queridos hermanos y hermanas:
Celebramos el 26 de junio el Día Internacional de la lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas. Se trata de una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas desde el año 1987 y a la que queremos adherir.
En este espacio y momento adecuado para la reflexión quisiera comenzar con una pregunta: ¿Cómo podemos ayudar a paliar este grave problema de nuestro tiempo, para el cual sabemos, que por ahora, no habrá soluciones definitivas?
“Los problemas vinculados al consumo de drogas son cada vez más preocupantes. No solamente por la evolución del consumo y el tráfico, la demanda y oferta, sino fundamentalmente porque están relacionados con episodios que afectan sensiblemente a la sociedad en su conjunto. La magnitud del problema es tan alarmante que aparecen expresiones en todo el mundo que hacen pensar que la lucha está perdida”. 
El Papa Francisco nos animaba desde una pastoral del encuentro: “Estando cerca, abrazando, acompañando, poniendo el hombro, saliendo a buscar, a consolar, restituyendo derechos... Sabemos que no hay recetas mágicas. Pero estamos convencidos que trabajando juntos, poniendo el esfuerzo en acciones concretas, podremos avanzar significativamente en la  “reducción de los daños” que provoca la droga”.
Deseo que la celebración anual de esta fecha sea un recuerdo permanente de la necesidad de hacernos buenos samaritanos de tantos, especialmente adolescentes y jóvenes, que se sienten desvalidos, excluidos y olvidados de nuestra sociedad.  
Los obispos de Argentina expresamos claramente este cuadro desolador: “Los jóvenes se sienten sin raíces, obligados a afrontar un presente fugaz y un  futuro incierto. Se suma a esto que muchas veces no encuentran adultos disponibles para la escucha y la comprensión. De tal forma, que la drogadicción no es sólo un problema de «sustancias», sino más bien de cultura, valores, conductas y opciones. Es expresión de un malestar profundo que algunos llaman «vacío existencial». Así pues, para una cantidad creciente de jóvenes, se afianza la convicción que vivir no tiene sentido, no vale la pena. Más de una vez, hemos escuchado decir a jóvenes en situación de riesgo: «yo ya estoy jugado»; para ellos, felicidad, libertad, amor, son sólo palabras huecas, tan vacías como sus bolsillos o estómagos. Padecen la «vida deshonrada», en una   sociedad inhóspita e indiferente, y muchas veces sin una contención de sus hogares y familias”.
Estos hermanos nuestros, chicas y muchachos, que están en riesgo o que ya se drogan, muchos de los cuales no vienen a nuestras Parroquias, ni a nuestros Colegios, son parte del cuadro de rostros sufrientes que hoy muestra nuestra sociedad. Como Iglesia, no podemos permanecer indiferentes ante estos rostros que son también “verdaderas catedrales del encuentro con el Señor Jesús”[5]. Tampoco podemos pasar de largo ante los familiares y amigos de los adictos “que se enfrentan día a día, con impotencia, a un enemigo de enorme capacidad de mal”.
A todos, especialmente a quienes trabajan con familias y jóvenes, les pido que juntos nos ocupemos de este problema. Hay muchísimo por hacer, empezando, por ejemplo, por la prevención en nuestras Parroquias a través de jornadas de reflexión y de la creación de centros preventivos.
A los jóvenes y adultos que tienen problemas con las drogas les expreso mi aliento para que inicien o prosigan el camino emprendido en la recuperación. Jesús, que ha venido para que tengamos Vida, está al lado de ustedes y los apoya en cada paso que dan para mejorar su calidad de vida. Cuando se sientan débiles, sepan que en Él pueden hacerse fuertes. A las familias que tienen un adicto entre sus miembros les hago llegar la cercanía del Señor y de la Iglesia diocesana junto al deseo de querer acompañarlos, desde los distintos ámbitos diocesanos, en la escucha, la orientación y la oración.
El Documento de Aparecida nos anima desde objetivos propositivos a  no bajar los brazos, a sumar voluntades y  el esfuerzo necesario para ayudar, pero recordando que en la Iglesia todos somos servidores, no nos erijamos en conductores o protagonicemos actitudes individualistas, pues tenemos que trabajar en cuerpo, en comunión.
Seguimos proponiendo los mismos objetivos basados en el Documento de  Aparecida:
-Sensibilizar a nuestra Iglesia y a la sociedad frente al flagelo de la drogadependencia, desterrando la ignorancia frente al tema y el acostumbramiento que termina en resignación.
-Fortalecer y promover la prevención educativa frente a estas conductas nocivas y el acompañamiento a los consumidores de drogas que quieren recuperarse.
-Expresar el apoyo a las políticas gubernamentales que miran a  erradicar el narcotráfico y asistir a los adictos, en el respeto de su dignidad personal y de sus valores religiosos.
-Recordar la importancia de la fe como un factor de protección y sanación importante para quien está en riesgo o en vías de recuperación
-Hacer de este día, o de algún fin de semana cercano, un intenso encuentro de oración y solidaridad con los adictos y con sus familias.
En nuestra Diócesis hay personas e instituciones que ya se están ocupando del tema de la drogadependencia. A ellos les agradezco el esfuerzo y el amor puestos en esta tarea.  Si todavía no han tomado contacto con el equipo diocesano de adicciones, los invito a que lo hagan comunicándose con Cáritas diocesana.
Pedimos la intercesión del Beato Ceferino Namuncurá, patrono de la pastoral de adicciones en Argentina,  quien decía “quiero ser útil a mi pueblo”,  para que nos obtenga del Señor Misericordioso la gracia de no bajar los brazos, de no decaer en nuestra entrega, de animarnos a dar un paso más en esta lucha, sembrado una gran esperanza, aunque como él, corramos el riesgo de dar la vida en este intento.

Mons. Jorge R.  Lugones S.J. 
Obispo de la diócesis de Lomas  de Zamora
Lomas, 26 de junio de 2013.

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