La (in)justicia de los olvidados
Publicado: 23 Septiembre 2015
Por Claudia Rafael
(APe).- Demasiadas veces, en los márgenes se vive y se muere de los modos más atroces. Matías Escobar tenía 20 años y murió desangrado por una cuchillada feroz entre los pasajes olvidados de una villa de Lomas de Zamora “a las 2.30 del 17 de mayo de 2014”. Daniel Alejandro Márquez tenía entonces 19 y tras largos meses detenido por el homicidio de Matías, esta semana fue absuelto por el juez Pedro Pianta: ninguno de los testimonios y de las pruebas tambaleantes en su contra tenían la sustancia como para su condena. Apenas un apodo coincidente, un domicilio erróneo… En palabras del juez Pianta: “Daniel Alejandro Márquez hasta la fecha se encuentra padeciendo una prisión preventiva sólo porque un testigo señala que uno de los atacantes de la víctima se llamaba Alejandro, que esa persona era pariente de otro de los atacantes llamado Miguel, y que ambos vivían en el mismo domicilio”.
Decía Elías Neuman: “La selectividad tiene el sentido de la tutela, a través del control social institucional de cierto tipo de minorías que han crecido: la de las personas excluidas que no pueden, por sus propios medios, insertarse en el contrato social o que fueron arrojadas por la borda de ese contrato”.
Si, tal como plantea el juez Pedro Pianta, “de ninguna manera existe la posibilidad legal de afirmar con la certidumbre que exige este pronunciamiento que el procesado Daniel Alejandro Márquez haya sido una de las personas que atacó y produjo la muerte del joven Matías Escobar” ¿por qué Márquez terminó sentado en el sitial de los acusados, permaneció detenido por largos meses y fue tildado hasta esta semana de homicida?
Simplemente, porque la cárcel es y será ese territorio al que deben ser destinadas personas olvidables. Es, ni más ni menos, el cuadrilátero de murallones que ocuparán los olvidados. Los hombres y las mujeres que, una vez traspuesta la reja que separa el afuera del adentro, se transformarán en burdas categorías establecidas por códigos penales.
Ese hubiera sido –no restan demasiadas dudas- el destino de Daniel Márquez. En los fundamentos del fallo de Pianta se cuela el análisis de lo humano, ése que suele perderse entre los vericuetos de las constituciones y los códigos penales, el que habla del “desamparo que afecta sin compasión a los sectores socialmente excluidos” y que deriva en “un drama social indisimulable”.
Bastarían apenas algunas de las perspectivas de esa vida: analfabeto por decreto de Estado (después de todo, al terminar primer grado debió subirse a un carro cartonero para mantener a sus hermanos); sus padres estuvieron detenidos por causas relacionadas con el comercio de droga; él mismo “a partir de los 15 años se inició en el consumo de paco y porro junto a sus amistades”; estaba a punto de ser papá; estaba al frente de “controlar a un hermano de 16 años que se droga con diversas sustancias”. Pero además, la institución policial y judicial determinó desde un inicio que el homicidio de Matías Escobar fue la consecuencia de “una pelea de paqueros”. En definitiva, dice Pianta apelando a “la aguda crítica de Carlos Cossio”: “no advierten que el problema no radica sólo en el caso a resolver sino también en ellos mismos que tan cómodamente lo resuelven”. Simple, dijeron: si es una pelea de paqueros, no importa quién mató ni quién murió. No importan ni la vida ni la muerte. No importan las condiciones en las que la vida humana se desarrolla. Menos aún importa la diminuta posibilidad de desear, simplemente, transitar el camino a la felicidad.
Elías Neuman caracterizaba que los excluidos sociales “parecen destinados al desván de los despojos, sin chance”. Y advertía que “el excluido social está comparativamente por debajo del esclavo en la historia de la humanidad. Desde la polis griega, en todos los sistemas sociopolíticos conocidos ha habido esclavos. Pero, en todos ellos, el esclavo tenía trabajo, un dueño o un empleador que se ocupaba de él porque, obviamente, era un eslabón de la cadena productiva. El excluido social no tiene nada de eso. No tiene trabajo. Vive con su autoestima destruida. Ni hablar de la estima familiar y social. Ha perdido su identidad y es el desaparecido en la democracia. Y, por añadidura, a nadie interesa”.
Los Daniel Márquez, los Matías Escobar suelen tener destinos marcados. Cuando no es la muerte violenta, es la cárcel. Y la cárcel puede ser esa construcción de murallones elevados, rejas, celdas malolientes, techos descascarados y agobiantes y pabellones en panóptica arquitectura o puede ser –como tan certeramente definía Alberto Morlachetti- “a cielo abierto”. Donde el encierro tiene otras características. Pero del que no se puede salir porque siempre habrá un trozo de plomo o una bolsa submarina esperando en la frontera.
Los fundamentos del fallo Pianta abundan en el análisis de las múltiples violencias que ganan los márgenes. Y no en vano utiliza citas de Javier Auyero y María Fernanda Berti: “la economía de la droga es una espada de doble filo. Mientras sostiene comunidades pobres, simultáneamente las quiebra por dentro”, dice en un tramo. Se trata de violencias que queman y destruyen, cuerpo contra cuerpo, individuo contra individuo, muerte contra muerte. Mientras las estructuras controladamente violentas del Estado demarcan los límites de movimiento y de vida de los eternos olvidados.
Edición: 3011
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viernes, 25 de septiembre de 2015
viernes, 15 de agosto de 2014
La muerte de un niño en Fiorito
La muerte de un niño en Fiorito
Publicado: 14 Agosto 2014
Por Silvana Melo
(APe).- Agustín murió en Villa Fiorito el domingo pasado. Tenía cinco años y su muerte alteró todas las reglas de la naturaleza. La muerte tiene permiso consuetudinario para llevarse a los que agotaron los centímetros de vida concedidos. Pero no a los niños. No a alguien que apenas vivió cinco años. A la muerte se le concede arrebatar a quienes son presa de una enfermedad incurable. Pero no a un niño al que se dejó solo, sin documentos, sin acceso a la salud, sin abrigo, sin asignación por hijo. Y que muere el domingo, en plenos festejos del Día del Niño, en una casilla de Fiorito. No tiene concedido la muerte llevarse a alguien de cinco años que recién empezaba a tejer los primeros puntos de la vida. Esa muerte era evitable. Debería enumerarse entre los homicidios del sistema. Nadie sabe de qué murió. En realidad, el acta de defunción debería decir “paro cardiorrespiratorio por abandono”
Federico Defranchi, trabajador social de la Fundación Che Pibe, relata a grandes rasgos la pequeña historia de la familia de Agustín (*): apenas una historia en medio de miles, confinadas al descarte, protagonizadas por excedentes sociales sin nombre, ni siquiera número, inalcanzados por los planes sociales, prolijamente apilados en los containers del Estado.
“En Abril de 2013 presentamos un informe al Servicio Local de Villa Fiorito” sobre Teo, que vivía desde hacía un año con su tía materna. “Ella vive con su pareja y sus tres hijos; el más grande de los tres va a Casa del Niño y los dos más pequeños asisten al materno infantil”. La tía de Teo “está atravesando una gravísima enfermedad oncológica con metástasis en órganos vitales”. A esa misma casa, en abril de 2014, llegó Silvia, la mamá de Teo. Estaba sin techo porque su pareja actual construía una casilla en un terreno de Ingeniero Budge. Cayó en la casa de su hermana con sus tres hijos y se reencontró con Teo, a quien no veía desde hacía meses. La vida la hizo nómade, sobreviviente en cualquier zócalo de un mundo que la rechazó sistemáticamente, que la eyectó de cualquier lugar seguro.
*****
Un mes después, relata Federico, “presentamos en el Servicio Local de Villa Fiorito un informe en conjunto con la salita del barrio para informar sobre la situación de vulnerabilidad de esta familia”. Es que Silvia ya no pudo volver a la casilla a construir en Ingeniero Budge porque su pareja ya la compartía con otra. Entonces se quedó con su hermana, sus hijos y los de ella en condiciones de total hacinamiento. “Esta situación agravó la realidad de la familia” de la tía de Teo, “ya que su casa no cuenta con las instalaciones necesarias para alojar a cuatro personas más, no tiene baño, presenta graves problemas de higiene, las personas que viven están hacinadas, no cuentan con recursos económicos y materiales para garantizar una subsistencia básica”. Además, nunca alcanza el alimento para todos. La casilla dispara el promedio de las estadísticas de los escritorios sobre “inseguridad alimentaria”. Silvia, su hermana y los chicos que comparten pasan hambre, sin eufemismos.
“La repentina aparición de Silvia –sigue Federico- alteró particularmente a Teo, que tiene severas dificultades de simbolización y aprendizaje”. Este año “está haciendo permanencia doble turno en el materno infantil en vez de ingresar a 1° grado, como estrategia pedagógica con el objetivo de darle más herramientas para incluirlo en la escuela primaria”.
Silvia no recibe la Asignación Universal por Hijo, no tiene ninguna cobertura de seguridad social que provenga de la Municipalidad o de la Provincia o de la Nación. Su hijo de tres años “no tiene D.N.I. por lo que se le pidió al Servicio Local que trabaje junto a la familia para garantizarle a este niño su derecho de identidad”. El bebé de 6 meses “tiene un diagnóstico de dermatitis seborreica en cuero cabelludo; se le indicaron pautas especiales de higiene y limpieza en la zona con aceite de almendras”. No tienen libreta sanitaria, ni documento de identidad; se les aplican las vacunas acordes a su edad. El agravante para la familia errante de Silvia es que “la abuela paterna, según ella, está reteniendo los D.N.I. de los niños”. Con ella vivía Agustín, otro de los hijos que Silvia repartió por su incapacidad para hacerse cargo de su propia vida, sin destino fijo ni abrigo ni cuidado. Desterrada por las políticas oficiales que llegan hasta ahí, siempre hasta ahí. El resto es excedente.
En el informe elevado al Servicio Local, relata Federico, se le pide que intervenga con urgencia por la necesidad de lograr prioridades como “1- el pago de alquiler o subsidio habitacional (Ley 13.298 título II Cáp. I del sistema de promoción y protección integral de derechos Art. 14). 2- el ingreso al Programa Nacional de Seguridad Alimentaria. 3- el asesoramiento y acompañamiento para tramitar la Asignación Universal por Hijo”.
*****
Agustín murió el domingo. En el Día del Niño en Villa Fiorito se murió un niño sin fiesta. En casa de la abuela paterna. Atendido a veces en la salita, las más por el curandero. “Nadie pudo comunicarse con la abuela, ni para pedirle los DNI de los hermanos de Agustín, nadie sabe dónde vive, la mamá (Silvia) no sabe decirnos en qué barrio, en qué calle”.
Agustín se murió a los cinco, tres años después del primer informe al Servicio Local que encendía una alarma. Tenía dos en aquel tiempo. Estos tres años eran cruciales en su crecimiento, en su desarrollo cognitivo, en las marcas fatales que llevaría para siempre en su vida futura. No hubo política pública ni sanitaria ni alimentaria que le llegara. El domingo, Día del Niño, Agustín se murió como para dar un grito. Murió el día en que no debía morirse, a la edad en que la muerte tiene que huir. Su muerte definitivamente era evitable. Porque “presentamos al Servicio Local la realidad de un niño de 4 años dejado por su madre a cargo de su tía materna. 3 años después un hermano de este niño, de 5 años, muere”. El trabajador social de Che Pibe se pregunta “¿qué pasó en esta familia en estos 3 años? ¿Qué acciones se realizaron para garantizar y promover los derechos de los niños de esa familia? ¿Qué acompañamiento, seguimiento realizaron los efectores estatales?”.
Desde “el Estado y los ‘buenos padres’ es muy fácil encontrar culpables en la madre, en la tía, e la abuela”. Porque es sencillo y exculpatorio, dice Federico, “descargar el peso de la culpa sobre una familia golpeada de años, en un barrio acostumbrado al maltrato de las instituciones estatales como la escuela o el hospital, donde no te atienden sin un número de documento, acostumbrados a la muerte de los seres queridos que nos rodean, donde la enfermedad y la falta de atención es parte del día a día, donde no tiene sentido llevar a un hijo enfermo al U.P.A. (Unidad de Pronta Atención) porque no hay pediatra”. ¿Cómo buscar culpas en aquellos que son víctimas del abandono institucional y sistémico?
Agustín murió el domingo, a los cinco años. Era el Día del Niño. De todos los niños menos algunos. Menos muchos. Muchísimos. Que están afuera de las convenciones culturales por despido. Cesanteados de la cara feliz de la vida.
(*) Los nombres utilizados en la nota son ficticios.
Edición: 2755
Publicado: 14 Agosto 2014
Por Silvana Melo
(APe).- Agustín murió en Villa Fiorito el domingo pasado. Tenía cinco años y su muerte alteró todas las reglas de la naturaleza. La muerte tiene permiso consuetudinario para llevarse a los que agotaron los centímetros de vida concedidos. Pero no a los niños. No a alguien que apenas vivió cinco años. A la muerte se le concede arrebatar a quienes son presa de una enfermedad incurable. Pero no a un niño al que se dejó solo, sin documentos, sin acceso a la salud, sin abrigo, sin asignación por hijo. Y que muere el domingo, en plenos festejos del Día del Niño, en una casilla de Fiorito. No tiene concedido la muerte llevarse a alguien de cinco años que recién empezaba a tejer los primeros puntos de la vida. Esa muerte era evitable. Debería enumerarse entre los homicidios del sistema. Nadie sabe de qué murió. En realidad, el acta de defunción debería decir “paro cardiorrespiratorio por abandono”
Federico Defranchi, trabajador social de la Fundación Che Pibe, relata a grandes rasgos la pequeña historia de la familia de Agustín (*): apenas una historia en medio de miles, confinadas al descarte, protagonizadas por excedentes sociales sin nombre, ni siquiera número, inalcanzados por los planes sociales, prolijamente apilados en los containers del Estado.
“En Abril de 2013 presentamos un informe al Servicio Local de Villa Fiorito” sobre Teo, que vivía desde hacía un año con su tía materna. “Ella vive con su pareja y sus tres hijos; el más grande de los tres va a Casa del Niño y los dos más pequeños asisten al materno infantil”. La tía de Teo “está atravesando una gravísima enfermedad oncológica con metástasis en órganos vitales”. A esa misma casa, en abril de 2014, llegó Silvia, la mamá de Teo. Estaba sin techo porque su pareja actual construía una casilla en un terreno de Ingeniero Budge. Cayó en la casa de su hermana con sus tres hijos y se reencontró con Teo, a quien no veía desde hacía meses. La vida la hizo nómade, sobreviviente en cualquier zócalo de un mundo que la rechazó sistemáticamente, que la eyectó de cualquier lugar seguro.
*****
Un mes después, relata Federico, “presentamos en el Servicio Local de Villa Fiorito un informe en conjunto con la salita del barrio para informar sobre la situación de vulnerabilidad de esta familia”. Es que Silvia ya no pudo volver a la casilla a construir en Ingeniero Budge porque su pareja ya la compartía con otra. Entonces se quedó con su hermana, sus hijos y los de ella en condiciones de total hacinamiento. “Esta situación agravó la realidad de la familia” de la tía de Teo, “ya que su casa no cuenta con las instalaciones necesarias para alojar a cuatro personas más, no tiene baño, presenta graves problemas de higiene, las personas que viven están hacinadas, no cuentan con recursos económicos y materiales para garantizar una subsistencia básica”. Además, nunca alcanza el alimento para todos. La casilla dispara el promedio de las estadísticas de los escritorios sobre “inseguridad alimentaria”. Silvia, su hermana y los chicos que comparten pasan hambre, sin eufemismos.
“La repentina aparición de Silvia –sigue Federico- alteró particularmente a Teo, que tiene severas dificultades de simbolización y aprendizaje”. Este año “está haciendo permanencia doble turno en el materno infantil en vez de ingresar a 1° grado, como estrategia pedagógica con el objetivo de darle más herramientas para incluirlo en la escuela primaria”.
Silvia no recibe la Asignación Universal por Hijo, no tiene ninguna cobertura de seguridad social que provenga de la Municipalidad o de la Provincia o de la Nación. Su hijo de tres años “no tiene D.N.I. por lo que se le pidió al Servicio Local que trabaje junto a la familia para garantizarle a este niño su derecho de identidad”. El bebé de 6 meses “tiene un diagnóstico de dermatitis seborreica en cuero cabelludo; se le indicaron pautas especiales de higiene y limpieza en la zona con aceite de almendras”. No tienen libreta sanitaria, ni documento de identidad; se les aplican las vacunas acordes a su edad. El agravante para la familia errante de Silvia es que “la abuela paterna, según ella, está reteniendo los D.N.I. de los niños”. Con ella vivía Agustín, otro de los hijos que Silvia repartió por su incapacidad para hacerse cargo de su propia vida, sin destino fijo ni abrigo ni cuidado. Desterrada por las políticas oficiales que llegan hasta ahí, siempre hasta ahí. El resto es excedente.
En el informe elevado al Servicio Local, relata Federico, se le pide que intervenga con urgencia por la necesidad de lograr prioridades como “1- el pago de alquiler o subsidio habitacional (Ley 13.298 título II Cáp. I del sistema de promoción y protección integral de derechos Art. 14). 2- el ingreso al Programa Nacional de Seguridad Alimentaria. 3- el asesoramiento y acompañamiento para tramitar la Asignación Universal por Hijo”.
*****
Agustín murió el domingo. En el Día del Niño en Villa Fiorito se murió un niño sin fiesta. En casa de la abuela paterna. Atendido a veces en la salita, las más por el curandero. “Nadie pudo comunicarse con la abuela, ni para pedirle los DNI de los hermanos de Agustín, nadie sabe dónde vive, la mamá (Silvia) no sabe decirnos en qué barrio, en qué calle”.
Agustín se murió a los cinco, tres años después del primer informe al Servicio Local que encendía una alarma. Tenía dos en aquel tiempo. Estos tres años eran cruciales en su crecimiento, en su desarrollo cognitivo, en las marcas fatales que llevaría para siempre en su vida futura. No hubo política pública ni sanitaria ni alimentaria que le llegara. El domingo, Día del Niño, Agustín se murió como para dar un grito. Murió el día en que no debía morirse, a la edad en que la muerte tiene que huir. Su muerte definitivamente era evitable. Porque “presentamos al Servicio Local la realidad de un niño de 4 años dejado por su madre a cargo de su tía materna. 3 años después un hermano de este niño, de 5 años, muere”. El trabajador social de Che Pibe se pregunta “¿qué pasó en esta familia en estos 3 años? ¿Qué acciones se realizaron para garantizar y promover los derechos de los niños de esa familia? ¿Qué acompañamiento, seguimiento realizaron los efectores estatales?”.
Desde “el Estado y los ‘buenos padres’ es muy fácil encontrar culpables en la madre, en la tía, e la abuela”. Porque es sencillo y exculpatorio, dice Federico, “descargar el peso de la culpa sobre una familia golpeada de años, en un barrio acostumbrado al maltrato de las instituciones estatales como la escuela o el hospital, donde no te atienden sin un número de documento, acostumbrados a la muerte de los seres queridos que nos rodean, donde la enfermedad y la falta de atención es parte del día a día, donde no tiene sentido llevar a un hijo enfermo al U.P.A. (Unidad de Pronta Atención) porque no hay pediatra”. ¿Cómo buscar culpas en aquellos que son víctimas del abandono institucional y sistémico?
Agustín murió el domingo, a los cinco años. Era el Día del Niño. De todos los niños menos algunos. Menos muchos. Muchísimos. Que están afuera de las convenciones culturales por despido. Cesanteados de la cara feliz de la vida.
(*) Los nombres utilizados en la nota son ficticios.
Edición: 2755
viernes, 11 de julio de 2014
Fútbol buitre (última parte)
Fútbol buitre (última parte)
Publicado: 10 Julio 2014
Por Alfredo Grande
“A la par, el secretario de Seguridad, Sergio Berni, se pavonea en helicóptero por encima del despliegue del operativo de turno, presentándose como supuesto árbitro de intereses y derechos en nombre del estado, “arbitraje” que siempre favorece a los empresarios a quienes garantiza “normalizar” la situación, o sea, garantiza los despidos y las suspensiones. Berni sostuvo esta vez que "del otro lado hay una violencia inusitada" y que por ello "tuvimos que actuar con mucha energía"; además cargó contra los partidos de izquierda, responsabilizándolos de la situación, porque "en vez de hacer leyes para impedir esto, participan". (Informe Correpi)
(APe).- Mientras intento escribir este trabajo, se desborda alegría por el triunfo de lo que alguna vez se llamó la naranja mecánica y ahora es apenas una mandarina machucada, incapaz de hacer un gol en 240 minutos de juego. Los penales que le dieron el triunfo contra Costa Rica le dieron la derrota contra Argentina. Desde ya, cuando escribo Argentina, debería escribir “el seleccionado argentino”. Que tiene jugadores que son argentinos por origen y extranjeros por lugar de trabajo. Todos los titulares trabajan en diferentes países y nuestra estrella mayor fue incluso formado como deportista en el extranjero. Todo bien como decía el cirrótico y se mandaba una cerveza.
Me alegró el miércoles a la noche la alegría de peatones, conductores de autos, motos, colectivos. Banderas, trompetines, en una marcha hacia el obelisco de la ciudad, el mismo que ahora funciona como faro de vigilancia gracias a las cámaras que fueron colocadas por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Versión buchona para que “en todo estés vos”.
Desde ya amigos, compañeros, algún enemigo que nunca sobra, familiares y algún paciente, me censuran por expresar de forma acotada, muy recatado, casi inadvertido, como orgasmo de monja, mi júbilo por el triunfo. Las atajadas de “chiquito” Romero me alegraron. Y no a pesar mío. Me alegraron. Sin embargo, y esto para mí sigue siendo importante, para la cultura represora no es suficiente la alegría.
La cultura represora exige, garantiza, ordena, la manía. Que bien se la puede definir como la hegemonía de la alegría. La alegría tolera la tristeza, la mesura, la sonrisa, la caricia. La manía no. Todos unidos nos alegraremos. Desde TN a 678. En una nota en la Agencia Paco Urondo del 10 de julio leo : “Superioridad física e ideológica de un pueblo: El autor, José Cornejo, propone una conexión entre éxito deportivo y el bienestar social. Una discusión que se remonta hasta la Grecia clásica”.
La foto de la Presidenta junto al director técnico de la selección nacional hacen contundente la afirmación. Esta es la forma que toma el pasaje de la justa alegría a la desmesurada manía, de la causa a la cruzada. El seleccionado argentino es La Patria. Y además es Razón de Estado. En este punto, la política deja que cope la parada el deporte. En este caso, el fútbol. Mas allá o mas acá, esos sinónimos son patrimonio cultural de las derechas. El Campo, El Ejército, La Iglesia, La Familia, son cotos de caza para colocar en el trono no ya a la noble igualdad sino al fetiche de turno. El fetiche es la parte por el todo. Aunque importante sea la parte (en este caso la selección nacional) no es el todo (la nueva, la vieja pero siempre gloriosa Nación).
Este intento de relacionar éxitos deportivos con la cruzada kirchnerista ya fracasó con Maravilla Martinez. Excelente boxeador pero que se lo puso al ladito, muy cerquita, de los héroes de la independencia nacional. La manía es desmesura y abolición de pensamiento crítico. Patético ejemplo fue la reacción casi vengativa, de burla y sarcasmo, cuando el seleccionado brasileño pierde 1 a 7 contra el “robot team” alemán.
Se fomentaron rivalidades, envidias, miserias que luego dejan heridas que cicatrizan en años. Justamente así funciona el fetiche. Pero todo puede empeorar. Estoy esperando el surgimiento de una nueva triple alianza: Fútbol Estado y Religión. Como observara el psicoanalista Cesar Hazaki, los jugadores no solamente se santiguan antes del partido, durante los penales, (creo que en los corners por las dudas) sino que lo hacen rápido y dos veces. Pienso que es una forma de “ponerse las pilas” y “apurar” las bendiciones.
El Papa Francisco es el Papa de todos los católicos, pero “los católicos argentinos son mas católicos que otros”, parafraseando a George Orwell en su Rebelión en la Granja. Esta nueva Triple Alianza promete arrasar con toda insinuación de balbuceo y tartamudeo crítico. Y habrá fervor y hervor patriótico si arrasamos con los robots y ya no habrá más penas ni olvidos. El 9 de julio será recordación de la independencia de España y de la independencia de Holanda, cuando la banalización de la historia empiece a confundir fechas y acontecimientos.
La cultura represora hace abuso de la alegría legítima, para convertirla con prisa y sin pausa en una manía fundacional. En Facebook aparece la cara de Mascherano fusionada con la del pelo, barba y boina del Che Guevara. “MASCHE”. Un adelantado de la banalización de la historia. Ningún gobierno va a quitarme mi derecho a la alegría si el domingo el seleccionado de fútbol de la Argentina sale campeón. Pero tampoco ningún gobierno me impondrá su mandato de manía para aceptar que el fútbol es LA PATRIA. Y si así fuera, si por debilidad, por temor, para no sufrir el aislamiento y no querer tolerar la burla, me sumara al delirio del pensamiento y sentimiento único, que los compañeros en lucha, los que sufren persecución por causa de injusticia, los niños que siguen con hambre, las mujeres secuestradas por la Trata y por las cárceles de la democracia, los pueblos originarios arrasados por los modernos cruzados de las empresas que se llevan todo y no dejan nada, los jubilados y jubiladas que no sobreviven con la “mínima”, los enfermos que no encuentran hospitales y los alumnos que no encuentran escuelas, que todas y todos me lo demanden y me borren por toda la eternidad de la memoria de los pueblos.
Edición: 2731
Publicado: 10 Julio 2014
Por Alfredo Grande
“A la par, el secretario de Seguridad, Sergio Berni, se pavonea en helicóptero por encima del despliegue del operativo de turno, presentándose como supuesto árbitro de intereses y derechos en nombre del estado, “arbitraje” que siempre favorece a los empresarios a quienes garantiza “normalizar” la situación, o sea, garantiza los despidos y las suspensiones. Berni sostuvo esta vez que "del otro lado hay una violencia inusitada" y que por ello "tuvimos que actuar con mucha energía"; además cargó contra los partidos de izquierda, responsabilizándolos de la situación, porque "en vez de hacer leyes para impedir esto, participan". (Informe Correpi)
(APe).- Mientras intento escribir este trabajo, se desborda alegría por el triunfo de lo que alguna vez se llamó la naranja mecánica y ahora es apenas una mandarina machucada, incapaz de hacer un gol en 240 minutos de juego. Los penales que le dieron el triunfo contra Costa Rica le dieron la derrota contra Argentina. Desde ya, cuando escribo Argentina, debería escribir “el seleccionado argentino”. Que tiene jugadores que son argentinos por origen y extranjeros por lugar de trabajo. Todos los titulares trabajan en diferentes países y nuestra estrella mayor fue incluso formado como deportista en el extranjero. Todo bien como decía el cirrótico y se mandaba una cerveza.
Me alegró el miércoles a la noche la alegría de peatones, conductores de autos, motos, colectivos. Banderas, trompetines, en una marcha hacia el obelisco de la ciudad, el mismo que ahora funciona como faro de vigilancia gracias a las cámaras que fueron colocadas por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Versión buchona para que “en todo estés vos”.
Desde ya amigos, compañeros, algún enemigo que nunca sobra, familiares y algún paciente, me censuran por expresar de forma acotada, muy recatado, casi inadvertido, como orgasmo de monja, mi júbilo por el triunfo. Las atajadas de “chiquito” Romero me alegraron. Y no a pesar mío. Me alegraron. Sin embargo, y esto para mí sigue siendo importante, para la cultura represora no es suficiente la alegría.
La cultura represora exige, garantiza, ordena, la manía. Que bien se la puede definir como la hegemonía de la alegría. La alegría tolera la tristeza, la mesura, la sonrisa, la caricia. La manía no. Todos unidos nos alegraremos. Desde TN a 678. En una nota en la Agencia Paco Urondo del 10 de julio leo : “Superioridad física e ideológica de un pueblo: El autor, José Cornejo, propone una conexión entre éxito deportivo y el bienestar social. Una discusión que se remonta hasta la Grecia clásica”.
La foto de la Presidenta junto al director técnico de la selección nacional hacen contundente la afirmación. Esta es la forma que toma el pasaje de la justa alegría a la desmesurada manía, de la causa a la cruzada. El seleccionado argentino es La Patria. Y además es Razón de Estado. En este punto, la política deja que cope la parada el deporte. En este caso, el fútbol. Mas allá o mas acá, esos sinónimos son patrimonio cultural de las derechas. El Campo, El Ejército, La Iglesia, La Familia, son cotos de caza para colocar en el trono no ya a la noble igualdad sino al fetiche de turno. El fetiche es la parte por el todo. Aunque importante sea la parte (en este caso la selección nacional) no es el todo (la nueva, la vieja pero siempre gloriosa Nación).
Este intento de relacionar éxitos deportivos con la cruzada kirchnerista ya fracasó con Maravilla Martinez. Excelente boxeador pero que se lo puso al ladito, muy cerquita, de los héroes de la independencia nacional. La manía es desmesura y abolición de pensamiento crítico. Patético ejemplo fue la reacción casi vengativa, de burla y sarcasmo, cuando el seleccionado brasileño pierde 1 a 7 contra el “robot team” alemán.
Se fomentaron rivalidades, envidias, miserias que luego dejan heridas que cicatrizan en años. Justamente así funciona el fetiche. Pero todo puede empeorar. Estoy esperando el surgimiento de una nueva triple alianza: Fútbol Estado y Religión. Como observara el psicoanalista Cesar Hazaki, los jugadores no solamente se santiguan antes del partido, durante los penales, (creo que en los corners por las dudas) sino que lo hacen rápido y dos veces. Pienso que es una forma de “ponerse las pilas” y “apurar” las bendiciones.
El Papa Francisco es el Papa de todos los católicos, pero “los católicos argentinos son mas católicos que otros”, parafraseando a George Orwell en su Rebelión en la Granja. Esta nueva Triple Alianza promete arrasar con toda insinuación de balbuceo y tartamudeo crítico. Y habrá fervor y hervor patriótico si arrasamos con los robots y ya no habrá más penas ni olvidos. El 9 de julio será recordación de la independencia de España y de la independencia de Holanda, cuando la banalización de la historia empiece a confundir fechas y acontecimientos.
La cultura represora hace abuso de la alegría legítima, para convertirla con prisa y sin pausa en una manía fundacional. En Facebook aparece la cara de Mascherano fusionada con la del pelo, barba y boina del Che Guevara. “MASCHE”. Un adelantado de la banalización de la historia. Ningún gobierno va a quitarme mi derecho a la alegría si el domingo el seleccionado de fútbol de la Argentina sale campeón. Pero tampoco ningún gobierno me impondrá su mandato de manía para aceptar que el fútbol es LA PATRIA. Y si así fuera, si por debilidad, por temor, para no sufrir el aislamiento y no querer tolerar la burla, me sumara al delirio del pensamiento y sentimiento único, que los compañeros en lucha, los que sufren persecución por causa de injusticia, los niños que siguen con hambre, las mujeres secuestradas por la Trata y por las cárceles de la democracia, los pueblos originarios arrasados por los modernos cruzados de las empresas que se llevan todo y no dejan nada, los jubilados y jubiladas que no sobreviven con la “mínima”, los enfermos que no encuentran hospitales y los alumnos que no encuentran escuelas, que todas y todos me lo demanden y me borren por toda la eternidad de la memoria de los pueblos.
Edición: 2731
viernes, 4 de julio de 2014
Fútbol buitre
Fútbol buitre
Publicado: 03 Julio 2014
Por Alfredo Grande
(APe).- La cultura represora es, como las bulas papales, urbi et orbi. Es decir, para la ciudad y para el mundo. La cultura represora nos atraviesa a todas y todos, pero, y es necesario nunca olvidarlo, no de la misma manera. El fútbol, la pasión de multitudes, lo sigue siendo. Pero no de la misma manera. El “fútbol industria” ha desalojado al “fútbol deporte”. Que antes había desalojado al “fútbol juego”. Estos desalojos silenciados no son sin consecuencias.
Si Maradona fue hijo del potrero, Messi es el hijo del laboratorio del Barcelona. Un jugador de probeta, un experimento que salió muy bien. Desconocemos cuántos experimentos similares salieron mal, y hoy deben ser excluidos y desclasados mendigando y sobreviviendo en la vieja Europa. Este pasaje del tablón al jet set fue gradual, pero no tanto.
Cuento una historia personal, y no de las más trágicas que en mi vida he sostenido. Cuando Macri se presenta a candidato a la presidencia de Boca Juniors, mi reacción fue de espanto. En realidad, de total incredulidad. Para colmo, el profesor y compañero Alfredo Bravo se presentó como candidato a la presidencia de River. En mis pesadillas nocturnas e incluso diurnas veía un River Socialista con Alfredo de Presidente y un Boca Fascista con Mauricio de Presidente.
La mitad de la pesadilla se confirmó, y , Angelici mediante, aún continúa. Cuando Alegre, que obviamente dejó de serlo, y Heller, al que solidariamente no lo bancaron, fueron derrotados por M M, tuve un episodio depresivo severo. Para resolverlo, intenté refugiarme en uno de los aspectos más discretos de mi Edipo.
Mi madre era de Independiente y yo mismo en los primeros años de la escuela primaria había compartido esa afición. Luego, vaya a saber el psicoanálisis porque, me hice bostero urbi et orbi. Pues bien: logré durante meses sostener mi nueva identidad. Lo de ser diablo y rojo tenía sus atractivos. Muchos años más tarde cuando mi padre me leyó un capìtulo de La Rebelión de los Ángeles de Anatole France, entendí que el diablo, uno de cuyos nombres es Lucifer, había sido el más hermoso y el más inteligente de todos los serafines. Y meses después, en la conmovida lectura del Manifiesto Comunista, entendí porque la derecha odiaba a los rojos. Todo eso también es Edipo, para no caer en la vulgata que los mercaderes de templos y bibliotecas han hecho del legado teórico y político de Sigmund Freud.
*****
Ser diablo rojo era para decirlo de alguna manera, un psicodiagnóstico además de un intento de construir una nueva identidad futbolera, lo más alejado posible de la sombra del nuevo presidente del otrora club de mis amores. Pero ese intentó que tratándose del diablo rojo no podía dejar de ser las buenas intenciones que siembra los caminos del infierno…fracasó.
El primer partido Boca Independiente los xeneises hicieron un gol, a pesar mío, lo grité. Entonces comprendí a Winston, el trágico protagonista de “1984” la novela histórico política de George Orwell. Yo también amaba al Gran Hermano. La pasión nunca cambia. La pasión de multitudes tiene razones que la razón represora conoce. Y que manipula a su antojo y conveniencia. Se aprovechan de nuestra nobleza, como nos enseñó el Chavo del 8. Es la misma lógica del circo romano.
Ahora los gladiadores del Imperio son millonarios en dólares y sus épicas son sponsoreadas por las multinacionales de cualquier cosa. Las grandes corporaciones , incluyendo los Estados, hacen de la publicidad el más lucrativo “tercer tiempo”. Y cuarto también. La mega industria del fútbol atiende a miles de parásitos del micrófono que hasta se permiten la obscenidad de discutir entre ellos en una remake de titanes en el ring, versión periodística.
Como negar la parábola que se abre con el EAM 78 presidido por el almirante Lacoste. El Ente Autárquico Mundial 78 primero se llevó puesto a su primer presidente, el general Omar Actis. Nunca se supo quien lo asesinó, aunque dicen que dicen que fue la Armada. El decreto 1267/77 logró que el EAM 78 tuviera una administración financiera clandestina, ya que nunca rindió informes de los 520 millones de dólares que supuestamente costó la Fiesta de Todos. Torturadores y torturados festejaban los mismos goles en uno de los tantos besos de la mujer araña. Triunfo total de la cultura represora cuando victimarios y victimas celebran en las mismas copas.
*****
La dignidad del equipo holandés, finalista de la Copa Ensangrentada, no debe ser olvidada. Holanda volvió a disputar la final de un Mundial por segunda vez consecutiva. Jugó con Argentina que curiosamente goleó por 6 a 0 al seleccionado peruano. ¿Razón de Estado? Obviamente sí. A la hora de recibir los trofeos, los holandeses se fueron a los vestuarios para no dar la mano a los jefes de la dictadura argentina durante la entrega de sus medallas de plata por el subcampeonato conseguido.
Además, antes de la final, se reunieron con las Madres de la Plaza de Mayo. Bueno sería entregar al seleccionado naranja un reconocimiento por este acto de política deportiva. El icono mayor de esta parábola siniestra, del concubinato entre fútbol, deporte, industria deportiva y cultura represora, tanto en dictadura como en democracia, es el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, el inefable Julio Grondona. Lacayo de los dueños de la Federación Internacional de Fútbol Asociado, se ha mantenido genuflexo ante todos sus mandatos. Cuando Maradona intenta organizar un Sindicato de Futbolistas, el dedo acusador y depredador de Havelange y su lacayo Blatter lo marcan para siempre. Havelange que fue condecorado por el dictador Videla.
El mismo Blatter que crucifica y lapida a Luis Suarez, charrúa mordedor. La pena impuesta excede la falta cometida, que a pesar de su patética gravedad, no impidió que el mordisqueado siga jugando. A Luis lo excluyen en una muestra brutal de injusticia por mano ajena. Pero no hay, no existe, no interesa un lazo solidario entre los jugadores. Hay omertá mafiosa entre los integrantes de cada seleccionado. Pero los triunfadores de los 4 primeros puestos recibirán de las manos de sus verdugos las medallas que reconocen los méritos deportivos. “Morituri te salutant” decían los gladiadores que iban a morir cuando saludaban al César. Estos gladiadores no van a morir. Más allá de la muerte súbita en la alta competencia.
Mi hijo Federico en relación al boxeo, me dijo que era “la otra prostitución”. También en el fútbol. Prostitución VIP de los vendidos al mejor postor. Todos los jugadores titulares juegan en equipos europeos. Todos. Cada cuatro años aman a la Argentina, pero el resto del tiempo le meten cuernos con Europa, América del Norte y Asia. El único campeón será, más allá de quien se lo crea, el fútbol buitre. Cuando la pasión de multitudes se encuentra con una razón de multitudes, otra gallo cantará. No dejaré de gritar un gol argentino pero esa pasión no arrasará con mi razón crítica.
Yo también tengo un sueño. Que ningún jugador acepte la cocarda de los jerarcas de la industria del fútbol. Y si hay un sentimiento que no se puede parar, yo tengo ese pensamiento que tampoco puedo ni quiero parar.
Edición: 2726
Publicado: 03 Julio 2014
Por Alfredo Grande
(APe).- La cultura represora es, como las bulas papales, urbi et orbi. Es decir, para la ciudad y para el mundo. La cultura represora nos atraviesa a todas y todos, pero, y es necesario nunca olvidarlo, no de la misma manera. El fútbol, la pasión de multitudes, lo sigue siendo. Pero no de la misma manera. El “fútbol industria” ha desalojado al “fútbol deporte”. Que antes había desalojado al “fútbol juego”. Estos desalojos silenciados no son sin consecuencias.
Si Maradona fue hijo del potrero, Messi es el hijo del laboratorio del Barcelona. Un jugador de probeta, un experimento que salió muy bien. Desconocemos cuántos experimentos similares salieron mal, y hoy deben ser excluidos y desclasados mendigando y sobreviviendo en la vieja Europa. Este pasaje del tablón al jet set fue gradual, pero no tanto.
Cuento una historia personal, y no de las más trágicas que en mi vida he sostenido. Cuando Macri se presenta a candidato a la presidencia de Boca Juniors, mi reacción fue de espanto. En realidad, de total incredulidad. Para colmo, el profesor y compañero Alfredo Bravo se presentó como candidato a la presidencia de River. En mis pesadillas nocturnas e incluso diurnas veía un River Socialista con Alfredo de Presidente y un Boca Fascista con Mauricio de Presidente.
La mitad de la pesadilla se confirmó, y , Angelici mediante, aún continúa. Cuando Alegre, que obviamente dejó de serlo, y Heller, al que solidariamente no lo bancaron, fueron derrotados por M M, tuve un episodio depresivo severo. Para resolverlo, intenté refugiarme en uno de los aspectos más discretos de mi Edipo.
Mi madre era de Independiente y yo mismo en los primeros años de la escuela primaria había compartido esa afición. Luego, vaya a saber el psicoanálisis porque, me hice bostero urbi et orbi. Pues bien: logré durante meses sostener mi nueva identidad. Lo de ser diablo y rojo tenía sus atractivos. Muchos años más tarde cuando mi padre me leyó un capìtulo de La Rebelión de los Ángeles de Anatole France, entendí que el diablo, uno de cuyos nombres es Lucifer, había sido el más hermoso y el más inteligente de todos los serafines. Y meses después, en la conmovida lectura del Manifiesto Comunista, entendí porque la derecha odiaba a los rojos. Todo eso también es Edipo, para no caer en la vulgata que los mercaderes de templos y bibliotecas han hecho del legado teórico y político de Sigmund Freud.
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Ser diablo rojo era para decirlo de alguna manera, un psicodiagnóstico además de un intento de construir una nueva identidad futbolera, lo más alejado posible de la sombra del nuevo presidente del otrora club de mis amores. Pero ese intentó que tratándose del diablo rojo no podía dejar de ser las buenas intenciones que siembra los caminos del infierno…fracasó.
El primer partido Boca Independiente los xeneises hicieron un gol, a pesar mío, lo grité. Entonces comprendí a Winston, el trágico protagonista de “1984” la novela histórico política de George Orwell. Yo también amaba al Gran Hermano. La pasión nunca cambia. La pasión de multitudes tiene razones que la razón represora conoce. Y que manipula a su antojo y conveniencia. Se aprovechan de nuestra nobleza, como nos enseñó el Chavo del 8. Es la misma lógica del circo romano.
Ahora los gladiadores del Imperio son millonarios en dólares y sus épicas son sponsoreadas por las multinacionales de cualquier cosa. Las grandes corporaciones , incluyendo los Estados, hacen de la publicidad el más lucrativo “tercer tiempo”. Y cuarto también. La mega industria del fútbol atiende a miles de parásitos del micrófono que hasta se permiten la obscenidad de discutir entre ellos en una remake de titanes en el ring, versión periodística.
Como negar la parábola que se abre con el EAM 78 presidido por el almirante Lacoste. El Ente Autárquico Mundial 78 primero se llevó puesto a su primer presidente, el general Omar Actis. Nunca se supo quien lo asesinó, aunque dicen que dicen que fue la Armada. El decreto 1267/77 logró que el EAM 78 tuviera una administración financiera clandestina, ya que nunca rindió informes de los 520 millones de dólares que supuestamente costó la Fiesta de Todos. Torturadores y torturados festejaban los mismos goles en uno de los tantos besos de la mujer araña. Triunfo total de la cultura represora cuando victimarios y victimas celebran en las mismas copas.
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La dignidad del equipo holandés, finalista de la Copa Ensangrentada, no debe ser olvidada. Holanda volvió a disputar la final de un Mundial por segunda vez consecutiva. Jugó con Argentina que curiosamente goleó por 6 a 0 al seleccionado peruano. ¿Razón de Estado? Obviamente sí. A la hora de recibir los trofeos, los holandeses se fueron a los vestuarios para no dar la mano a los jefes de la dictadura argentina durante la entrega de sus medallas de plata por el subcampeonato conseguido.
Además, antes de la final, se reunieron con las Madres de la Plaza de Mayo. Bueno sería entregar al seleccionado naranja un reconocimiento por este acto de política deportiva. El icono mayor de esta parábola siniestra, del concubinato entre fútbol, deporte, industria deportiva y cultura represora, tanto en dictadura como en democracia, es el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, el inefable Julio Grondona. Lacayo de los dueños de la Federación Internacional de Fútbol Asociado, se ha mantenido genuflexo ante todos sus mandatos. Cuando Maradona intenta organizar un Sindicato de Futbolistas, el dedo acusador y depredador de Havelange y su lacayo Blatter lo marcan para siempre. Havelange que fue condecorado por el dictador Videla.
El mismo Blatter que crucifica y lapida a Luis Suarez, charrúa mordedor. La pena impuesta excede la falta cometida, que a pesar de su patética gravedad, no impidió que el mordisqueado siga jugando. A Luis lo excluyen en una muestra brutal de injusticia por mano ajena. Pero no hay, no existe, no interesa un lazo solidario entre los jugadores. Hay omertá mafiosa entre los integrantes de cada seleccionado. Pero los triunfadores de los 4 primeros puestos recibirán de las manos de sus verdugos las medallas que reconocen los méritos deportivos. “Morituri te salutant” decían los gladiadores que iban a morir cuando saludaban al César. Estos gladiadores no van a morir. Más allá de la muerte súbita en la alta competencia.
Mi hijo Federico en relación al boxeo, me dijo que era “la otra prostitución”. También en el fútbol. Prostitución VIP de los vendidos al mejor postor. Todos los jugadores titulares juegan en equipos europeos. Todos. Cada cuatro años aman a la Argentina, pero el resto del tiempo le meten cuernos con Europa, América del Norte y Asia. El único campeón será, más allá de quien se lo crea, el fútbol buitre. Cuando la pasión de multitudes se encuentra con una razón de multitudes, otra gallo cantará. No dejaré de gritar un gol argentino pero esa pasión no arrasará con mi razón crítica.
Yo también tengo un sueño. Que ningún jugador acepte la cocarda de los jerarcas de la industria del fútbol. Y si hay un sentimiento que no se puede parar, yo tengo ese pensamiento que tampoco puedo ni quiero parar.
Edición: 2726
viernes, 20 de junio de 2014
Abandono naranja
Abandono naranja
Publicado: 17 Junio 2014
Por Silvana Melo
(APe).- El cálculo despojado asegura que tres chicos de cada diez quedarán fuera de la extensa mesa de los comedores escolares de la Provincia. En uno de los avances más definitorios de la Ola Naranja –que no es un refuerzo - choque de la vitamina C para aguantarse el invierno-, el gobierno de la Provincia abrió las puertas de junio con una noticia trampa: el aumento de las cápitas para el menú de los comedores (el almuerzo, de 5 pesos a 6,30, por ejemplo). Aunque a la vez, la letra chica destinaba la comida de los niños a la bolsa escogida para las variables de ajuste: los cupos (es decir, la cantidad de menúes a consumir en cada escuela) se reducían en casi un 30 por ciento.
Con platos atravesados y disminuidos por el impacto inflacionario, el aumento del costo de la ración implicaba reforzar discretamente los nutrientes. Pero la reducción abrupta de cupos termina restringiendo incluso los recursos con los que las escuelas contaban antes del 1 de junio. La alternativa es brutal: o se elige qué niños no comerán o se reduce aún más la calidad nutricional para que, con el mismo dinero, puedan seguir alimentándose todos.
Esta decisión aparece en el mes del solsticio de invierno. Cuando el frío afila en los huesos, consume las calorías como un pac man y trae valijas desbordantes de virus, bacterias, catarros, bronquitis y gripes. Sin alimento suficiente, las defensas se distraen, se debilitan, y las enfermedades rigen como ejército en conquista.
Mientras, el Gobernador lanza una aplicación para smartphones que permite “conocer en tiempo real” todos los resultados de los partidos del Mundial de Brasil. Con estética holandesa, la app se presenta con la leyenda "Scioli 2015 Ola Naranja". En la o, la fruta con cabo y hoja y, de la cintura para abajo del 1, una bandera argentina.
La alegría constitutiva del sciolismo suele tener su cara infausta. Casi siempre mucho más abultada que el voile anaranjado que se muestra ventanas afuera. En marzo, cuando la huelga de los maestros dejó cuatro millones y medio de niños a la buena (o a la mala) de quién sabe quiénes, cuando no había recursos para reforzar la educación, el merchandising electoral en la playa concluía su derrotero triunfante. Desde las ojotas y los dirigibles a las combies naranja con emoticones felices y gorras con cabito y hoja con el nombre de Daniel.
Y mientras los smartphones celebran en naranja que Alemania arrasó a Cristiano, 70 consejeros escolares de más de treinta municipios llevaron a La Plata los números de sus escuelas: entre 25 y 30 chicos de cada 100 dejarán de recibir alimentos. O bien, todos comerán sensiblemente menos. La instrumentación del Servicio Alimentario Escolar suele ser un milagro. En tiempos en que la población de los comedores aumenta, por matrícula y por frío. Por matrícula y por hambre.
Pero el Gobernador sostiene una Provincia Activa como Nunca.
Que sumará a los actuales 58.000 policías bonaerenses, otros 15.000 si se acuerda la creación de las municipales. Son 500 mil los chicos que la Provincia aparta de los desayunos y almuerzos escolares. Se los saquea de derechos y se los separa del privilegio de las proteínas. Y, por las dudas, se entrena a nuevas fuerzas para que los mantengan en disciplina.
La falta de nutrientes y de calcio determinarán un adulto que se quiebra. La perversidad de la opción de quién come y quién no, edificará adultos sombríos. La variable de ajuste sobre la vida encenderá adultos con rabia. En territorios distantes de la esperanza naranja que, como una sábana corta, deja desnudos los pies de aquellos que nunca se ven.
Edición: 2715
Publicado: 17 Junio 2014
Por Silvana Melo
(APe).- El cálculo despojado asegura que tres chicos de cada diez quedarán fuera de la extensa mesa de los comedores escolares de la Provincia. En uno de los avances más definitorios de la Ola Naranja –que no es un refuerzo - choque de la vitamina C para aguantarse el invierno-, el gobierno de la Provincia abrió las puertas de junio con una noticia trampa: el aumento de las cápitas para el menú de los comedores (el almuerzo, de 5 pesos a 6,30, por ejemplo). Aunque a la vez, la letra chica destinaba la comida de los niños a la bolsa escogida para las variables de ajuste: los cupos (es decir, la cantidad de menúes a consumir en cada escuela) se reducían en casi un 30 por ciento.
Con platos atravesados y disminuidos por el impacto inflacionario, el aumento del costo de la ración implicaba reforzar discretamente los nutrientes. Pero la reducción abrupta de cupos termina restringiendo incluso los recursos con los que las escuelas contaban antes del 1 de junio. La alternativa es brutal: o se elige qué niños no comerán o se reduce aún más la calidad nutricional para que, con el mismo dinero, puedan seguir alimentándose todos.
Esta decisión aparece en el mes del solsticio de invierno. Cuando el frío afila en los huesos, consume las calorías como un pac man y trae valijas desbordantes de virus, bacterias, catarros, bronquitis y gripes. Sin alimento suficiente, las defensas se distraen, se debilitan, y las enfermedades rigen como ejército en conquista.
Mientras, el Gobernador lanza una aplicación para smartphones que permite “conocer en tiempo real” todos los resultados de los partidos del Mundial de Brasil. Con estética holandesa, la app se presenta con la leyenda "Scioli 2015 Ola Naranja". En la o, la fruta con cabo y hoja y, de la cintura para abajo del 1, una bandera argentina.
La alegría constitutiva del sciolismo suele tener su cara infausta. Casi siempre mucho más abultada que el voile anaranjado que se muestra ventanas afuera. En marzo, cuando la huelga de los maestros dejó cuatro millones y medio de niños a la buena (o a la mala) de quién sabe quiénes, cuando no había recursos para reforzar la educación, el merchandising electoral en la playa concluía su derrotero triunfante. Desde las ojotas y los dirigibles a las combies naranja con emoticones felices y gorras con cabito y hoja con el nombre de Daniel.
Y mientras los smartphones celebran en naranja que Alemania arrasó a Cristiano, 70 consejeros escolares de más de treinta municipios llevaron a La Plata los números de sus escuelas: entre 25 y 30 chicos de cada 100 dejarán de recibir alimentos. O bien, todos comerán sensiblemente menos. La instrumentación del Servicio Alimentario Escolar suele ser un milagro. En tiempos en que la población de los comedores aumenta, por matrícula y por frío. Por matrícula y por hambre.
Pero el Gobernador sostiene una Provincia Activa como Nunca.
Que sumará a los actuales 58.000 policías bonaerenses, otros 15.000 si se acuerda la creación de las municipales. Son 500 mil los chicos que la Provincia aparta de los desayunos y almuerzos escolares. Se los saquea de derechos y se los separa del privilegio de las proteínas. Y, por las dudas, se entrena a nuevas fuerzas para que los mantengan en disciplina.
La falta de nutrientes y de calcio determinarán un adulto que se quiebra. La perversidad de la opción de quién come y quién no, edificará adultos sombríos. La variable de ajuste sobre la vida encenderá adultos con rabia. En territorios distantes de la esperanza naranja que, como una sábana corta, deja desnudos los pies de aquellos que nunca se ven.
Edición: 2715
viernes, 13 de junio de 2014
Niños de plomo
Niños de plomo
Publicado: 10 Junio 2014
Por Silvana Melo
(APe).- Plomo, glifosato, endosulfán, 24-d, mercurio, cianuro. Los asesinos invisibles, arteros, silenciosos. Asintomáticos hasta la conquista total del territorio. No arrinconan a los niños contra las paredes. No les estallan la espalda a balazos. No les quitan de la mesa el alimento que crece hasta en las banquinas. Son como hormigas en las venas, como ríos diminutos en el cerebro, como termitas en los huesos.
El 40 % de las enfermedades de los niños es pariente directo de las alteraciones del medio ambiente. Que, a la vez, son hermanas de la concepción economicista de la naturaleza, puesta al servicio de una generación despiadada de riqueza que nunca –jamás- se distribuye entre aquellos a quienes se enfermó, se cesanteó, se expulsó, se condenó al agua tóxica, al aire envenenado, a la tierra corrompida. Fundamentalmente los niños. Que comen, aspiran y tocan más (en proporción al peso) que los adultos. Que respiran y el plomo compite con el hierro y el calcio y los expulsan; entonces la anemia y la malnutrición festejan la llegada de un invitado estrella a su paciente trabajo de devastación.
Asma, algunos trastornos neurológicos, retrasos madurativos, malformaciones, intoxicaciones y cáncer rondan a los niños que abren las puertas de sus casas al Riachuelo, cloaca de decenas de miles de industrias; que toman el agua por donde se cuelan los lixiviados de cianuro de las mineras áureas; que aspiran por boca, nariz y piel los herbicidas y los insecticidas que matan malezas, bichos y otras vidas para sostener en pie el formidable negocio de los tiempos. Los niños no sólo mueren en esta tierra por enfermedades parientes del hambre y sus hermanas. También mueren por lo que comen y por lo que respiran. Causas escondidas, con mala prensa, ladeadas en una marginalidad de “fundamentalismo ambiental”, calladas por las tortas publicitarias en los medios que suelen convertirse en prensa institucional y descartan el periodismo.
*****
Un estudio que firma el ingeniero Facundo del Gaiso (Auditor General de la Ciudad de Buenos Aires), sobre la base de informes oficiales de hospitales públicos, equipos interdisciplinarios de salud, ACuMaR y la AGCBA entre 2008 y 2014, destaca la evolución en la supervivencia de los niños con cáncer pediátrico en los últimos 30 años. Pero “no se ha progresado en los aspectos preventivos. De hecho, hoy en día se estima que entre el 85% y el 95% de estos cánceres están relacionados con factores de riesgo medioambiental”. Las malformaciones que el médico Juan Carlos Dimaio estudia en Misiones –directamente relacionadas con los agroquímicos- y el cambio en las patologías que observó el doctor Darío Gianfelici -cuando, en 2002, la explosión de la soja solidaria desató en los pueblos rurales de Paraná glándulas mamarias en los niños y menstruación precoz en las niñas-, tampoco generaron políticas preventivas concienzudas: el país vive de la soja. Y su emporio subsidiario es intocable.
Alrededor del Riachuelo trabajan más de 15 mil industrias que durante décadas han arrojado sus residuos en un agua que ya no es agua, sino una pasta semisólida, sin oxígeno, fermentada de gases, metales pesados y desechos cloacales, en contacto directo con miles de familias que siguen sobreviviendo a sus orillas. A pesar de la orden de “sanear” por parte de la Corte Suprema en 2008. Ni se van las industrias ni se relocaliza a las familias. Y pasaron seis años. Los niños nacieron y crecieron respirando plomo y guardándolo en la sangre y en los huesos. Con efectos “potencialmente irreversibles”. Los bajos niveles de plomo “pueden causar daño cerebral silencioso” y “el envenenamiento ligero puede ser asintomático”, asegura el informe.
*****
Hasta los cinco años la vulnerabilidad al plomo es extrema: afecta el desarrollo del cerebro y del sistema neurológico. Son los niños expuestos a la alteración ambiental por la ausencia de vivienda, por jugar en un patio que es relleno de basura, bañado por las lenguas del Riachuelo, vecina su casa de las cañerías que despiden los restos cloacales. “Se cree que los efectos neurológicos y conductuales asociados al plomo son irreversibles”, asegura el estudio de la Auditoría. Son los niños que aprenderán menos, que tendrán un coeficiente intelectual reducido, que comprenderán menos, que no podrán ser médicos ni ingenieros ni actores de teatro ni profesores de matemáticas. Cesanteados sociales de cualquier transformación. Exiliados de la esperanza.
Son los chicos de Lugano y Villa 20: los que tomaron con sus padres las tierras del ex cementerio de autos, ahora “Asentamiento Papa Francisco”. Los que viven con sus padres en casillas edificadas con madera, lona y, con suerte, algún bloque. Los que juegan, con sus padres, en tierras contaminadas por el óxido, el plomo, el manganeso y el asbesto de las pastillas de frenos. Los mismos niños que vivían en la Villa 20 sobre los mismos residuos y con el mismo aire tóxico lastimando los pulmones como una chapa oxidada en la piel. Hace casi diez años se ordenó la remediación de ese suelo. Nunca se hizo. La gente sin casa alza su caparazón de caracol en cualquier parte.
La totalidad de los chicos de Lugano y Villa 20 tienen plomo en sangre. Unos más, otros menos. La mayoría sufre desnutrición, anemias y parasitosis. Los datos aparecen en un estudio del CeSAC N° 18 (del Área Programática del Hospital General de Agudos P. Piñero) en colaboración con el Garraham.
Son los chicos de las villas 21, 24 y 26, que nacen, crecen y se enferman a la orilla del Riachuelo. Un 25% tiene plomo en sangre en una cantidad mucho más alta que el valor de referencia. Aunque nunca el plomo en sangre es inocuo, sino un envenenador silencioso. Que no presenta síntomas agudos, pero va horadando la casita donde se aloja el saber y el pensamiento.
*****
Una exposición al plomo de escasa magnitud pero sostenida en el tiempo genera “alteraciones neuromotoras, pérdida irreversible de la inteligencia, problemas de conducta y bajo rendimiento escolar.” En niveles altos es cancerígeno. El tejido óseo suele darle albergue al 95% del plomo que entra en el cuerpo. La ausencia de nutrientes aumenta la absorción. El plomo es secuaz de la desnutrición y la anemia: sustituye al calcio y al hierro.
Construye jóvenes descalificados para el sistema. Excluidos de cualquier intento de comprender, de soñar sueños colectivos, de transformar y no repetir la historia.
Hijos desheredados de la naturaleza puesta al servicio de la generación de riqueza.
Que nunca –jamás- se distribuye entre aquellos a quienes se enfermó, se cesanteó, se expulsó, se condenó al agua tóxica, al aire envenenado, a la tierra corrompida.
Edición: 2710
Publicado: 10 Junio 2014
Por Silvana Melo
(APe).- Plomo, glifosato, endosulfán, 24-d, mercurio, cianuro. Los asesinos invisibles, arteros, silenciosos. Asintomáticos hasta la conquista total del territorio. No arrinconan a los niños contra las paredes. No les estallan la espalda a balazos. No les quitan de la mesa el alimento que crece hasta en las banquinas. Son como hormigas en las venas, como ríos diminutos en el cerebro, como termitas en los huesos.
El 40 % de las enfermedades de los niños es pariente directo de las alteraciones del medio ambiente. Que, a la vez, son hermanas de la concepción economicista de la naturaleza, puesta al servicio de una generación despiadada de riqueza que nunca –jamás- se distribuye entre aquellos a quienes se enfermó, se cesanteó, se expulsó, se condenó al agua tóxica, al aire envenenado, a la tierra corrompida. Fundamentalmente los niños. Que comen, aspiran y tocan más (en proporción al peso) que los adultos. Que respiran y el plomo compite con el hierro y el calcio y los expulsan; entonces la anemia y la malnutrición festejan la llegada de un invitado estrella a su paciente trabajo de devastación.
Asma, algunos trastornos neurológicos, retrasos madurativos, malformaciones, intoxicaciones y cáncer rondan a los niños que abren las puertas de sus casas al Riachuelo, cloaca de decenas de miles de industrias; que toman el agua por donde se cuelan los lixiviados de cianuro de las mineras áureas; que aspiran por boca, nariz y piel los herbicidas y los insecticidas que matan malezas, bichos y otras vidas para sostener en pie el formidable negocio de los tiempos. Los niños no sólo mueren en esta tierra por enfermedades parientes del hambre y sus hermanas. También mueren por lo que comen y por lo que respiran. Causas escondidas, con mala prensa, ladeadas en una marginalidad de “fundamentalismo ambiental”, calladas por las tortas publicitarias en los medios que suelen convertirse en prensa institucional y descartan el periodismo.
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Un estudio que firma el ingeniero Facundo del Gaiso (Auditor General de la Ciudad de Buenos Aires), sobre la base de informes oficiales de hospitales públicos, equipos interdisciplinarios de salud, ACuMaR y la AGCBA entre 2008 y 2014, destaca la evolución en la supervivencia de los niños con cáncer pediátrico en los últimos 30 años. Pero “no se ha progresado en los aspectos preventivos. De hecho, hoy en día se estima que entre el 85% y el 95% de estos cánceres están relacionados con factores de riesgo medioambiental”. Las malformaciones que el médico Juan Carlos Dimaio estudia en Misiones –directamente relacionadas con los agroquímicos- y el cambio en las patologías que observó el doctor Darío Gianfelici -cuando, en 2002, la explosión de la soja solidaria desató en los pueblos rurales de Paraná glándulas mamarias en los niños y menstruación precoz en las niñas-, tampoco generaron políticas preventivas concienzudas: el país vive de la soja. Y su emporio subsidiario es intocable.
Alrededor del Riachuelo trabajan más de 15 mil industrias que durante décadas han arrojado sus residuos en un agua que ya no es agua, sino una pasta semisólida, sin oxígeno, fermentada de gases, metales pesados y desechos cloacales, en contacto directo con miles de familias que siguen sobreviviendo a sus orillas. A pesar de la orden de “sanear” por parte de la Corte Suprema en 2008. Ni se van las industrias ni se relocaliza a las familias. Y pasaron seis años. Los niños nacieron y crecieron respirando plomo y guardándolo en la sangre y en los huesos. Con efectos “potencialmente irreversibles”. Los bajos niveles de plomo “pueden causar daño cerebral silencioso” y “el envenenamiento ligero puede ser asintomático”, asegura el informe.
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Hasta los cinco años la vulnerabilidad al plomo es extrema: afecta el desarrollo del cerebro y del sistema neurológico. Son los niños expuestos a la alteración ambiental por la ausencia de vivienda, por jugar en un patio que es relleno de basura, bañado por las lenguas del Riachuelo, vecina su casa de las cañerías que despiden los restos cloacales. “Se cree que los efectos neurológicos y conductuales asociados al plomo son irreversibles”, asegura el estudio de la Auditoría. Son los niños que aprenderán menos, que tendrán un coeficiente intelectual reducido, que comprenderán menos, que no podrán ser médicos ni ingenieros ni actores de teatro ni profesores de matemáticas. Cesanteados sociales de cualquier transformación. Exiliados de la esperanza.
Son los chicos de Lugano y Villa 20: los que tomaron con sus padres las tierras del ex cementerio de autos, ahora “Asentamiento Papa Francisco”. Los que viven con sus padres en casillas edificadas con madera, lona y, con suerte, algún bloque. Los que juegan, con sus padres, en tierras contaminadas por el óxido, el plomo, el manganeso y el asbesto de las pastillas de frenos. Los mismos niños que vivían en la Villa 20 sobre los mismos residuos y con el mismo aire tóxico lastimando los pulmones como una chapa oxidada en la piel. Hace casi diez años se ordenó la remediación de ese suelo. Nunca se hizo. La gente sin casa alza su caparazón de caracol en cualquier parte.
La totalidad de los chicos de Lugano y Villa 20 tienen plomo en sangre. Unos más, otros menos. La mayoría sufre desnutrición, anemias y parasitosis. Los datos aparecen en un estudio del CeSAC N° 18 (del Área Programática del Hospital General de Agudos P. Piñero) en colaboración con el Garraham.
Son los chicos de las villas 21, 24 y 26, que nacen, crecen y se enferman a la orilla del Riachuelo. Un 25% tiene plomo en sangre en una cantidad mucho más alta que el valor de referencia. Aunque nunca el plomo en sangre es inocuo, sino un envenenador silencioso. Que no presenta síntomas agudos, pero va horadando la casita donde se aloja el saber y el pensamiento.
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Una exposición al plomo de escasa magnitud pero sostenida en el tiempo genera “alteraciones neuromotoras, pérdida irreversible de la inteligencia, problemas de conducta y bajo rendimiento escolar.” En niveles altos es cancerígeno. El tejido óseo suele darle albergue al 95% del plomo que entra en el cuerpo. La ausencia de nutrientes aumenta la absorción. El plomo es secuaz de la desnutrición y la anemia: sustituye al calcio y al hierro.
Construye jóvenes descalificados para el sistema. Excluidos de cualquier intento de comprender, de soñar sueños colectivos, de transformar y no repetir la historia.
Hijos desheredados de la naturaleza puesta al servicio de la generación de riqueza.
Que nunca –jamás- se distribuye entre aquellos a quienes se enfermó, se cesanteó, se expulsó, se condenó al agua tóxica, al aire envenenado, a la tierra corrompida.
Edición: 2710
viernes, 6 de junio de 2014
Periodistas
Periodistas
Publicado: 06 Junio 2014
Por APe
(APe).- En medio de debates maniqueos, de una delgada línea que demasiados pisotean, en la encrucijada exacta en que se devoran los unos y los otros, son escasas las gargantas que se alzan en nombre de los anónimos. De los que mueren olvidados en las estepas de la inequidad.
El equilibrio complejo y difícil de la soledad es el precio de un periodismo consecuente con la utopía de asumir la visibilización de intereses económicos y políticos que provocan tanto sufrimiento. Ajeno a los que, ahogados por el derrame de pautas oficiales, callan las vulneraciones y ensalzan a los marioneteros sistémicos. Ajeno a los que, de la mano de abultados bolsillos, instalan discursos vanos que tapan las voces que claman por justicia.
Lejos, muy lejos de los escribas que silencian se alzan las resistencias cotidianas, la agonía de los descalzos, el suplicio de los olvidados. A miles de kilómetros de distancia de escritorios vacíos, el frío se devora un viejo pedacito de sueño y se resquebraja la tierra polvorienta nacida de las deforestaciones y el avance sojero. Se deglute la vida de uno, dos, cientos de niños que respiran lo que jamás hubieran debido. Se contamina el agua antes transparente, pura, ajena a los envenenadores consuetudinarios. Se balea con plomos feroces la vida de los despojados mientras se intenta barrer con la Historia misma tiñéndola de otros colores tan distintos y tan ajenos. Se escritura la propiedad de las ideas. Se banaliza la palabra. Los nombres. Se desdibuja el camino. Se destrozan los sueños. Y se transforma esa utopía de ser la voz de los olvidados en una danza rabiosa al compás de los ritmos del poder.
Edición: 2708
Publicado: 06 Junio 2014
Por APe
(APe).- En medio de debates maniqueos, de una delgada línea que demasiados pisotean, en la encrucijada exacta en que se devoran los unos y los otros, son escasas las gargantas que se alzan en nombre de los anónimos. De los que mueren olvidados en las estepas de la inequidad.
El equilibrio complejo y difícil de la soledad es el precio de un periodismo consecuente con la utopía de asumir la visibilización de intereses económicos y políticos que provocan tanto sufrimiento. Ajeno a los que, ahogados por el derrame de pautas oficiales, callan las vulneraciones y ensalzan a los marioneteros sistémicos. Ajeno a los que, de la mano de abultados bolsillos, instalan discursos vanos que tapan las voces que claman por justicia.
Lejos, muy lejos de los escribas que silencian se alzan las resistencias cotidianas, la agonía de los descalzos, el suplicio de los olvidados. A miles de kilómetros de distancia de escritorios vacíos, el frío se devora un viejo pedacito de sueño y se resquebraja la tierra polvorienta nacida de las deforestaciones y el avance sojero. Se deglute la vida de uno, dos, cientos de niños que respiran lo que jamás hubieran debido. Se contamina el agua antes transparente, pura, ajena a los envenenadores consuetudinarios. Se balea con plomos feroces la vida de los despojados mientras se intenta barrer con la Historia misma tiñéndola de otros colores tan distintos y tan ajenos. Se escritura la propiedad de las ideas. Se banaliza la palabra. Los nombres. Se desdibuja el camino. Se destrozan los sueños. Y se transforma esa utopía de ser la voz de los olvidados en una danza rabiosa al compás de los ritmos del poder.
Edición: 2708
viernes, 30 de mayo de 2014
El crimen de los trenes pintados
El crimen de los trenes pintados
s Publicado: 28 Mayo 2014
Por Claudia Rafael
(APe).- Tras décadas de destrucción de los trenes, de crimen anunciado de cientos de pequeños pueblos, incomunicados y fantasmales; de migración forzada de más de un millón de personas por la cesantía de la vida que significó la privatización, de la masacre de Once y tantas otras muertes cotidianas provocadas por ferrocarriles derruidos, la frase sonó, cuanto menos, como un acto de falsa y desajustada valentía. “Hay que matarlos. Te dan ganas de matarlos”. Irritado, crispado, el ministro dirigió su rabia con puntería milimétrica. Los graffitis en los trenes –dijo- son obra de “un tarado que tiene poca responsabilidad y no sabe el esfuerzo que significa para el Estado nacional, que somos todos los argentinos, poner recursos”.
Lejos de la oficina de Florencio Randazzo, en una sala del Tribunal Federal 2, en Comodoro Py, un hombre llamado Roque Barrionuevo desnudaba tristeza: “Lo único que recuerdo es ver gente muerta, un chico que pedía ayuda para salir, una mujer con la mano herida y además, que cuando salí empecé a caminar sin saber hacia dónde iba, hasta que llamé a una persona amiga y me vino a buscar”. (Audiencia del 26 de mayo, juicio por la masacre de Once)
Cada coche –insistía el ministro por su lado- “vale 1.270.000 dólares. Hay que matarlos. Te dan ganas de matarlos. Porque decís ¿cómo pueden ser tan energúmenos?... Pero uno tiene que ser medido porque es un menor y hay que ver cuáles son sus condiciones y se empieza como a intentar justificar ese comportamiento. Hemos hecho la denuncia penal y vamos a accionar contra los padres. Vamos a reclamar un resarcimiento por el daño. (…) Si fuera mi hijo no te digo lo que le haría. Le dejo el traste pero sabés cómo. Por pelotudo. ¿En qué país vivimos? Estas cosas pasan. Los padres tienen que hacerse cargo”.
Antes, mucho antes, cuando se cumplía un año de la masacre de Once un hombre y una mujer leían desde los escenarios: “Se refaccionan las cosas menos importantes, pero más visibles, como si nadie se diera cuenta de la maniobra. Pintan vagones de celeste, sobre una chapa corroída por el óxido (…) Pedimos la estatización de esa empresa, para salvaguardar los puestos de trabajo, y para que este Gobierno deje de negociar con los responsables directos del 22 de febrero. ¿Cuándo van a dejar de ser socios de los Cirigliano, que, en este caso, es lo mismo que decir cómplices? Entonces, hagan lo que hagan, anuncien lo que anuncien, inviertan lo que inviertan, nunca van a poder borrar los nueve años de abandono. Pero por sobre todo no podrán olvidarse ni hacer olvidar a los 52 muertos, que son, como tantos otros, víctimas de este gobierno que debió haber trabajado para evitarnos este dolor y no quiso hacerlo”. (Documento sobre la Masacre de Once, 22-2-2013)
******
¿A quién quisiera matar el ministro? ¿Qué significa –aunque se lo piense tan solo un exabrupto- desear la muerte de un joven en un país empeñado, a lo largo de su historia, en la eliminación sistémica de su savia más potente?
Y la conclusión lógica sería: quien destruye los trenes irá al cadalso. Extraña asociación de pensamiento que implicaría equiparar en responsabilidades, objetivos, beneficios al graffitero “menor”, “energúmeno”, “tarado” con Menem, Cirigliano, Jaime, Pedraza, Cavallo, Taselli, Roggio, Romero, etcétera, etcétera, etcétera y todos los etcétera necesarios que incluyan a los que callaron, silenciaron, omitieron, actuaron, bajaron los hombros, agacharon la cabeza, asintieron, consintieron, impulsaron. Aunque Randazzo o CFK o cualquiera de los deseosos sucesores o de los antecesores que tampoco resisten archivos jamás hayan dicho sobre cualquiera de ellos “hay que matarlos. Te dan ganas de matarlos”.
Desde los primeros hombres de la Historia, las paredes, las cuevas, las cortezas de los árboles, los muros inalcanzables tuvieron sobre sí el sello propio de las épocas. Los graffitis (no así la entrega de los ferrocarriles) son algo así como la realidad “material y simbólica de la ciudad” (García Canclini), lo que otorga y viste de identidad, lo que deja al desnudo las sensaciones, las ganas de crear, el grito de rebeldía, los deseos de decir “aquí estoy” y de sentir que –como los míticos linyeras a partir de una ordenanza de Crotto de 1920- es posible romper con las estructuras establecidas y viajar como el viento arriba de un tren que deambule en un eterno ida y vuelta por las vías que, alguna vez, volverán como un sueño eterno a recorrer las enteras geografías del país.
La pintada sobre los flamantes trenes provoca conflicto. Desorganiza. Denuncia. Rompe estructuras. Desnuda que es posible traspasar límites que al poderoso molestan porque simplemente sintieron esa tímida estocada. Pero … ¿Un graffiti destruye la historia misma de los trenes? ¿Un graffiti hunde en la devastación la historia entera de los ferrocarriles argentinos, esos que alguna vez recorrieron decenas de miles de kilómeros de vías, que vieron jugar a lo largo de sus pasillos a generaciones enteras de pibes que subían de un salto y asomaban la cabeza por la ventanilla para saludar a los vecinos de un pueblo olvidado?
“Se cambiaron vías, se refaccionaron estaciones y hasta se pusieron televisores de plasma que marcan horarios de trenes que jamás se cumplen. No entendemos las prioridades de las obras. Primero las estaciones antes que las señales, primero los monitores de video antes que los cruces de barreras”, leyeron el hombre y la mujer desde los mismos escenarios.
Un graffiti hundió a gran parte del país (horrorizado) en el mismo debate. Y no sólo a Randazzo con su irritado reclamo manodurista, sino también a todos aquellos que sentados mansamente a la mesa vieron cómo se destruía al país entero en esa simbología dolorosa que representan los trenes y decidieron mirar hacia otro lado.
Edición: 2702
s Publicado: 28 Mayo 2014
Por Claudia Rafael
(APe).- Tras décadas de destrucción de los trenes, de crimen anunciado de cientos de pequeños pueblos, incomunicados y fantasmales; de migración forzada de más de un millón de personas por la cesantía de la vida que significó la privatización, de la masacre de Once y tantas otras muertes cotidianas provocadas por ferrocarriles derruidos, la frase sonó, cuanto menos, como un acto de falsa y desajustada valentía. “Hay que matarlos. Te dan ganas de matarlos”. Irritado, crispado, el ministro dirigió su rabia con puntería milimétrica. Los graffitis en los trenes –dijo- son obra de “un tarado que tiene poca responsabilidad y no sabe el esfuerzo que significa para el Estado nacional, que somos todos los argentinos, poner recursos”.
Lejos de la oficina de Florencio Randazzo, en una sala del Tribunal Federal 2, en Comodoro Py, un hombre llamado Roque Barrionuevo desnudaba tristeza: “Lo único que recuerdo es ver gente muerta, un chico que pedía ayuda para salir, una mujer con la mano herida y además, que cuando salí empecé a caminar sin saber hacia dónde iba, hasta que llamé a una persona amiga y me vino a buscar”. (Audiencia del 26 de mayo, juicio por la masacre de Once)
Cada coche –insistía el ministro por su lado- “vale 1.270.000 dólares. Hay que matarlos. Te dan ganas de matarlos. Porque decís ¿cómo pueden ser tan energúmenos?... Pero uno tiene que ser medido porque es un menor y hay que ver cuáles son sus condiciones y se empieza como a intentar justificar ese comportamiento. Hemos hecho la denuncia penal y vamos a accionar contra los padres. Vamos a reclamar un resarcimiento por el daño. (…) Si fuera mi hijo no te digo lo que le haría. Le dejo el traste pero sabés cómo. Por pelotudo. ¿En qué país vivimos? Estas cosas pasan. Los padres tienen que hacerse cargo”.
Antes, mucho antes, cuando se cumplía un año de la masacre de Once un hombre y una mujer leían desde los escenarios: “Se refaccionan las cosas menos importantes, pero más visibles, como si nadie se diera cuenta de la maniobra. Pintan vagones de celeste, sobre una chapa corroída por el óxido (…) Pedimos la estatización de esa empresa, para salvaguardar los puestos de trabajo, y para que este Gobierno deje de negociar con los responsables directos del 22 de febrero. ¿Cuándo van a dejar de ser socios de los Cirigliano, que, en este caso, es lo mismo que decir cómplices? Entonces, hagan lo que hagan, anuncien lo que anuncien, inviertan lo que inviertan, nunca van a poder borrar los nueve años de abandono. Pero por sobre todo no podrán olvidarse ni hacer olvidar a los 52 muertos, que son, como tantos otros, víctimas de este gobierno que debió haber trabajado para evitarnos este dolor y no quiso hacerlo”. (Documento sobre la Masacre de Once, 22-2-2013)
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¿A quién quisiera matar el ministro? ¿Qué significa –aunque se lo piense tan solo un exabrupto- desear la muerte de un joven en un país empeñado, a lo largo de su historia, en la eliminación sistémica de su savia más potente?
Y la conclusión lógica sería: quien destruye los trenes irá al cadalso. Extraña asociación de pensamiento que implicaría equiparar en responsabilidades, objetivos, beneficios al graffitero “menor”, “energúmeno”, “tarado” con Menem, Cirigliano, Jaime, Pedraza, Cavallo, Taselli, Roggio, Romero, etcétera, etcétera, etcétera y todos los etcétera necesarios que incluyan a los que callaron, silenciaron, omitieron, actuaron, bajaron los hombros, agacharon la cabeza, asintieron, consintieron, impulsaron. Aunque Randazzo o CFK o cualquiera de los deseosos sucesores o de los antecesores que tampoco resisten archivos jamás hayan dicho sobre cualquiera de ellos “hay que matarlos. Te dan ganas de matarlos”.
Desde los primeros hombres de la Historia, las paredes, las cuevas, las cortezas de los árboles, los muros inalcanzables tuvieron sobre sí el sello propio de las épocas. Los graffitis (no así la entrega de los ferrocarriles) son algo así como la realidad “material y simbólica de la ciudad” (García Canclini), lo que otorga y viste de identidad, lo que deja al desnudo las sensaciones, las ganas de crear, el grito de rebeldía, los deseos de decir “aquí estoy” y de sentir que –como los míticos linyeras a partir de una ordenanza de Crotto de 1920- es posible romper con las estructuras establecidas y viajar como el viento arriba de un tren que deambule en un eterno ida y vuelta por las vías que, alguna vez, volverán como un sueño eterno a recorrer las enteras geografías del país.
La pintada sobre los flamantes trenes provoca conflicto. Desorganiza. Denuncia. Rompe estructuras. Desnuda que es posible traspasar límites que al poderoso molestan porque simplemente sintieron esa tímida estocada. Pero … ¿Un graffiti destruye la historia misma de los trenes? ¿Un graffiti hunde en la devastación la historia entera de los ferrocarriles argentinos, esos que alguna vez recorrieron decenas de miles de kilómeros de vías, que vieron jugar a lo largo de sus pasillos a generaciones enteras de pibes que subían de un salto y asomaban la cabeza por la ventanilla para saludar a los vecinos de un pueblo olvidado?
“Se cambiaron vías, se refaccionaron estaciones y hasta se pusieron televisores de plasma que marcan horarios de trenes que jamás se cumplen. No entendemos las prioridades de las obras. Primero las estaciones antes que las señales, primero los monitores de video antes que los cruces de barreras”, leyeron el hombre y la mujer desde los mismos escenarios.
Un graffiti hundió a gran parte del país (horrorizado) en el mismo debate. Y no sólo a Randazzo con su irritado reclamo manodurista, sino también a todos aquellos que sentados mansamente a la mesa vieron cómo se destruía al país entero en esa simbología dolorosa que representan los trenes y decidieron mirar hacia otro lado.
Edición: 2702
lunes, 14 de abril de 2014
Las emergencias del Gobernador
Las emergencias del Gobernador
Publicado: 08 Abril 2014
Por Claudia Rafael
(APe).- La misma provincia, el mismo gobernador, los mismos días. Daniel Osvaldo Scioli anunció 600 millones de pesos para la “emergencia” en seguridad. Exactamente seis veces de lo que cada mes (aunque en este caso suele haber olvidos empecinados a la hora del pago) se destina a la infancia paria de su territorio. 600 millones para comprar 1.000 móviles equipados, 30.000 chalecos antibalas, 10.000 armas con sus municiones. Contra los 104.760.000 de pesos destinados a la alimentación, la salud, la atención diaria de los chicos que viven en hogares de organizaciones sociales, que asisten a centros de día de la Secretaría de Niñez o que están dentro de los programas UDI (Unidad de Desarrollo Infantil). Crueles contradicciones de un mismo sistema.
*****
El tiempo presente se detuvo y se miró al espejo. Del otro lado, el reflejo sólo le devolvió el perfil de la desesperanza. “¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra/ al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?... ¡Qué pena/que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!”, escribió el poeta (*).
*****
En estos días, diez años atrás, se estrenaban las reformas blumberianas al Código Penal que redoblaban el manodurismo y profundizaban a conveniencia del poder, el puzzle desparejo y deshilachado de la política criminal. En ese tiempo, las cárceles de la provincia albergaban 18.000 detenidos. Hoy tienen 33.000 y con la promesa sciolista del sábado de construir más alcaidías y más unidades penales, terminarán duplicando las cifras de 2002. Indudablemente, la ecuación es desastrosa. Ninguna de aquellas leyes Blumberg (impuestas bajo presión y extorsión social) cumplió con su objetivo: ni la suma de penas hasta 50 años de cárcel, ni el aumento de condena para la sola portación de armas, ni el otorgamiento real de mayor valor a la propiedad que a la vida. Nada, absolutamente nada, significó para las víctimas de robos, lesiones, homicidios que las penas se multiplicaran. En aquel 2004, se iniciaron en toda la provincia de Buenos Aires 505.373 causas penales. Ocho años más tarde, en 2012, fueron 656.258. ¿Cómo se mide la eficacia si hubo 150.885 causas más y 15.000 presos más pero empeoraron los niveles de inseguridad?
No conformes con ese resultado, el gobierno bonaerense duplica la apuesta. Y el anuncio de “emergencia en seguridad” robustece esa misma filosofía de aparato represor, ahonda la desprotección de los parias eternos y abre la estación de la cacería.
¿Qué propuso Daniel Osvaldo Scioli ante el estallido de la decepción y el miedo y de cara a las elecciones presidenciales de 2015 en las que aspira suceder a CFK?
-La inversión de “parte de las utilidades del Banco Provincia”(600 millones de pesos) para “sumar el equipamiento necesario para móviles”: chalecos antibala, municiones, armas e, inclusive, patrulleros.
-Declaración de emergencia en materia de seguridad: permite –según describe claramente la Asociación Pensamiento Penal- “sortear los escollos burocráticos y administrativos para la adquisición de insumos, sin necesidad de apelar a procesos licitatorios, mecanismo que, convengamos, en poco contribuye a la transparencia de los actos de gobierno”.
-La reincorporación de unos 15 mil retirados de las fuerzas de seguridad. Punto clave. Y una pregunta al azar: entre esos 15.000 ¿estarán nombres como los de Néstor Díaz, Ariel Herrera, Martín Monte, Emiliano Márquez, Sergio Fecter, Daniel Vázquez, Damián Sotelo o Hernán Zeliz, los ocho policías investigados por la desaparición de Luciano Arruga, justamente, por haber dicho que no a la fuerza de seguridad? ¿También reincorporarán a los policías exonerados por haber llevado por la fuerza a tres adolescentes travestis a una fiesta sexual en el ex comando de patrullas de Olavarría un par de meses antes de la desaparición definitiva de una de ellas? Esas son migajas, en definitiva. Que clavan un puñal en el cuerpo social al que hunden una y mil veces en el dolor. Pero lo que busca Scioli con más policía en las calles es la “gestión política de las conflictividades”. Esa frase, que pertenece al diputado de Nuevo Encuentro Marcelo Saín fue incluso más allá: “Lo que la política hace es el consentimiento informal a que la policía gestione incluso ilegalmente al crimen. Siempre y cuando la contraprestación sea una gestión política sin conflictividades. Ha sido una lógica de la clase política en general, por derecha y por izquierda”. Porque –agregó- “es más fácil bajar los cuadros de generales del Colegio Militar que los cuadros de los comisarios del departamento de policía”.
-Creación de nuevas fiscalías para la persecución penal del narcotráfico. Menuda tarea, cuando es claro el doble pacto que implica persecución sin fin a los pequeños dealerssin tocar jamás ni a los grandes tiburones de la droga ni, obviamente, a las patas del Estado que forman parte del negociado.
-Revisar el régimen de personas menores de edad infractoras a la ley penal. Muletilla recurrente que, esta vez, podrá adquirir peso definitorio pero que responde a una percepción que busca desbalancear las urnas para propio beneficio. Una vez más las estadísticas: En el registro que acaba de publicar la Procuración General de la Suprema Corte de Justicia sobre el primer semestre 2013, se desnuda que hubo 756 homicidios. Hay, en esas 756 causas penales, 1044 imputados. Apenas 30 (2,9%) tienen menos de 16 años y 115 (11%) tienen 16 y 17 años. Aunque sólo en 74 causas, los imputados son exclusivamente menores de 18. Más comparaciones: en institutos cerrados, bajo regímenes privativos de libertad, hay actualmente 500 chicos. Y otros 100, en regímenes de semi-libertad. Pero con un detalle que no se puede soslayar: hay 40 (8%) que tienen menos de 16 años. Y dentro del total de 600, hay entre el 32 y el 35 % que son mayores de 18 pero que permanecen bajo encierro desde que no llegaban a esa edad. Una vez más la comparación: hay 33.000 detenidos en las cárceles de la provincia. Son 600 los chicos encerrados en institutos de menores. Apenas, el 1,8% o, específicamente en la franja etaria a modificar, tan sólo el 0,12%. Muchos de ellos, con causas graves –imposible negarlo-, pero son el 0,12 % de los detenidos y el 2,9 % de los imputados en causas penales por homicidios dolosos.
*****
Daniel Osvaldo Scioli, rodeado de su gente, dispuesto a enfocar con sus ojos la gran meta de 2015 y que nadie derrame sangre donde no debe porque lo que está en juego es su gran sueño, pronunció una frase para la historia: la lucha por la seguridad –dijo- “es lo más sagrado: es la pelea por la vida”.
¿Cómo se mide la sacralidad de la vida?
-En su misma provincia, hay 220.000 chicos que cada día son cobijados, abrazados, educados, sanados, alimentados en las casas del niño del programa UDI. Por cada uno de esos niños se pagan desde el mismo Estado que ahora está en emergencia en seguridad y que invertirá 600 millones en chalecos antibalas, municiones y etcéteras, becas de 450 pesos que permanecen perversamente estáticos desde hace casi seis años. Aunque hay bimestres que extrañamente el Estado olvida de depositar y que conminan a que algunas organizaciones deban cerrar sus puertas. Pero más allá de ese detalle nimio para las vidas (que, por cierto, eran sagradas) implica 99 millones de pesos cada mes.
-Hay 1675 chicos que viven y crecen en hogares y por cada uno el gobierno provincial paga 1.200 pesos, que significan en total 2.010.000.
-Y hay otros 6.250 niños que concurren a diario a centros de día por los que la provincia abona 600 pesos mensuales. En total, 3.750.000 pesos.
La suma de esas becas por la asistencia a 227.925 chicos, el Estado bonaerense abona –a veces sí, a veces no- 104.760.000 pesos. Es decir, el 17,46 % de lo que ahora anunció que con las utilidades del Banco Provincia destinará a chalecos antibalas, armas, municiones y patrulleros. Casi seis veces más en pertrecharse que en abrazar. En disparar que en acariciar. En poner en la mira que en cuidar que un chico crezca con una sonrisa desplegada al viento.
*****
“¿De qué está hecho el mañana?”, preguntó Victor Hugo, el poeta, en Los cantos del crepúsculo hacia 1835. “Espectro siempre oculto que lado a lado nos sigue. ¡Y que llamamos mañana! ¡Oh! ¡Mañana es la gran cosa! / ¿De qué estará hecho el mañana?”.
(*) “Qué pena”, de León Felipe.
Publicado: 08 Abril 2014
Por Claudia Rafael
(APe).- La misma provincia, el mismo gobernador, los mismos días. Daniel Osvaldo Scioli anunció 600 millones de pesos para la “emergencia” en seguridad. Exactamente seis veces de lo que cada mes (aunque en este caso suele haber olvidos empecinados a la hora del pago) se destina a la infancia paria de su territorio. 600 millones para comprar 1.000 móviles equipados, 30.000 chalecos antibalas, 10.000 armas con sus municiones. Contra los 104.760.000 de pesos destinados a la alimentación, la salud, la atención diaria de los chicos que viven en hogares de organizaciones sociales, que asisten a centros de día de la Secretaría de Niñez o que están dentro de los programas UDI (Unidad de Desarrollo Infantil). Crueles contradicciones de un mismo sistema.
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El tiempo presente se detuvo y se miró al espejo. Del otro lado, el reflejo sólo le devolvió el perfil de la desesperanza. “¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra/ al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?... ¡Qué pena/que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!”, escribió el poeta (*).
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En estos días, diez años atrás, se estrenaban las reformas blumberianas al Código Penal que redoblaban el manodurismo y profundizaban a conveniencia del poder, el puzzle desparejo y deshilachado de la política criminal. En ese tiempo, las cárceles de la provincia albergaban 18.000 detenidos. Hoy tienen 33.000 y con la promesa sciolista del sábado de construir más alcaidías y más unidades penales, terminarán duplicando las cifras de 2002. Indudablemente, la ecuación es desastrosa. Ninguna de aquellas leyes Blumberg (impuestas bajo presión y extorsión social) cumplió con su objetivo: ni la suma de penas hasta 50 años de cárcel, ni el aumento de condena para la sola portación de armas, ni el otorgamiento real de mayor valor a la propiedad que a la vida. Nada, absolutamente nada, significó para las víctimas de robos, lesiones, homicidios que las penas se multiplicaran. En aquel 2004, se iniciaron en toda la provincia de Buenos Aires 505.373 causas penales. Ocho años más tarde, en 2012, fueron 656.258. ¿Cómo se mide la eficacia si hubo 150.885 causas más y 15.000 presos más pero empeoraron los niveles de inseguridad?
No conformes con ese resultado, el gobierno bonaerense duplica la apuesta. Y el anuncio de “emergencia en seguridad” robustece esa misma filosofía de aparato represor, ahonda la desprotección de los parias eternos y abre la estación de la cacería.
¿Qué propuso Daniel Osvaldo Scioli ante el estallido de la decepción y el miedo y de cara a las elecciones presidenciales de 2015 en las que aspira suceder a CFK?
-La inversión de “parte de las utilidades del Banco Provincia”(600 millones de pesos) para “sumar el equipamiento necesario para móviles”: chalecos antibala, municiones, armas e, inclusive, patrulleros.
-Declaración de emergencia en materia de seguridad: permite –según describe claramente la Asociación Pensamiento Penal- “sortear los escollos burocráticos y administrativos para la adquisición de insumos, sin necesidad de apelar a procesos licitatorios, mecanismo que, convengamos, en poco contribuye a la transparencia de los actos de gobierno”.
-La reincorporación de unos 15 mil retirados de las fuerzas de seguridad. Punto clave. Y una pregunta al azar: entre esos 15.000 ¿estarán nombres como los de Néstor Díaz, Ariel Herrera, Martín Monte, Emiliano Márquez, Sergio Fecter, Daniel Vázquez, Damián Sotelo o Hernán Zeliz, los ocho policías investigados por la desaparición de Luciano Arruga, justamente, por haber dicho que no a la fuerza de seguridad? ¿También reincorporarán a los policías exonerados por haber llevado por la fuerza a tres adolescentes travestis a una fiesta sexual en el ex comando de patrullas de Olavarría un par de meses antes de la desaparición definitiva de una de ellas? Esas son migajas, en definitiva. Que clavan un puñal en el cuerpo social al que hunden una y mil veces en el dolor. Pero lo que busca Scioli con más policía en las calles es la “gestión política de las conflictividades”. Esa frase, que pertenece al diputado de Nuevo Encuentro Marcelo Saín fue incluso más allá: “Lo que la política hace es el consentimiento informal a que la policía gestione incluso ilegalmente al crimen. Siempre y cuando la contraprestación sea una gestión política sin conflictividades. Ha sido una lógica de la clase política en general, por derecha y por izquierda”. Porque –agregó- “es más fácil bajar los cuadros de generales del Colegio Militar que los cuadros de los comisarios del departamento de policía”.
-Creación de nuevas fiscalías para la persecución penal del narcotráfico. Menuda tarea, cuando es claro el doble pacto que implica persecución sin fin a los pequeños dealerssin tocar jamás ni a los grandes tiburones de la droga ni, obviamente, a las patas del Estado que forman parte del negociado.
-Revisar el régimen de personas menores de edad infractoras a la ley penal. Muletilla recurrente que, esta vez, podrá adquirir peso definitorio pero que responde a una percepción que busca desbalancear las urnas para propio beneficio. Una vez más las estadísticas: En el registro que acaba de publicar la Procuración General de la Suprema Corte de Justicia sobre el primer semestre 2013, se desnuda que hubo 756 homicidios. Hay, en esas 756 causas penales, 1044 imputados. Apenas 30 (2,9%) tienen menos de 16 años y 115 (11%) tienen 16 y 17 años. Aunque sólo en 74 causas, los imputados son exclusivamente menores de 18. Más comparaciones: en institutos cerrados, bajo regímenes privativos de libertad, hay actualmente 500 chicos. Y otros 100, en regímenes de semi-libertad. Pero con un detalle que no se puede soslayar: hay 40 (8%) que tienen menos de 16 años. Y dentro del total de 600, hay entre el 32 y el 35 % que son mayores de 18 pero que permanecen bajo encierro desde que no llegaban a esa edad. Una vez más la comparación: hay 33.000 detenidos en las cárceles de la provincia. Son 600 los chicos encerrados en institutos de menores. Apenas, el 1,8% o, específicamente en la franja etaria a modificar, tan sólo el 0,12%. Muchos de ellos, con causas graves –imposible negarlo-, pero son el 0,12 % de los detenidos y el 2,9 % de los imputados en causas penales por homicidios dolosos.
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Daniel Osvaldo Scioli, rodeado de su gente, dispuesto a enfocar con sus ojos la gran meta de 2015 y que nadie derrame sangre donde no debe porque lo que está en juego es su gran sueño, pronunció una frase para la historia: la lucha por la seguridad –dijo- “es lo más sagrado: es la pelea por la vida”.
¿Cómo se mide la sacralidad de la vida?
-En su misma provincia, hay 220.000 chicos que cada día son cobijados, abrazados, educados, sanados, alimentados en las casas del niño del programa UDI. Por cada uno de esos niños se pagan desde el mismo Estado que ahora está en emergencia en seguridad y que invertirá 600 millones en chalecos antibalas, municiones y etcéteras, becas de 450 pesos que permanecen perversamente estáticos desde hace casi seis años. Aunque hay bimestres que extrañamente el Estado olvida de depositar y que conminan a que algunas organizaciones deban cerrar sus puertas. Pero más allá de ese detalle nimio para las vidas (que, por cierto, eran sagradas) implica 99 millones de pesos cada mes.
-Hay 1675 chicos que viven y crecen en hogares y por cada uno el gobierno provincial paga 1.200 pesos, que significan en total 2.010.000.
-Y hay otros 6.250 niños que concurren a diario a centros de día por los que la provincia abona 600 pesos mensuales. En total, 3.750.000 pesos.
La suma de esas becas por la asistencia a 227.925 chicos, el Estado bonaerense abona –a veces sí, a veces no- 104.760.000 pesos. Es decir, el 17,46 % de lo que ahora anunció que con las utilidades del Banco Provincia destinará a chalecos antibalas, armas, municiones y patrulleros. Casi seis veces más en pertrecharse que en abrazar. En disparar que en acariciar. En poner en la mira que en cuidar que un chico crezca con una sonrisa desplegada al viento.
*****
“¿De qué está hecho el mañana?”, preguntó Victor Hugo, el poeta, en Los cantos del crepúsculo hacia 1835. “Espectro siempre oculto que lado a lado nos sigue. ¡Y que llamamos mañana! ¡Oh! ¡Mañana es la gran cosa! / ¿De qué estará hecho el mañana?”.
(*) “Qué pena”, de León Felipe.
viernes, 7 de marzo de 2014
Scioli y las deudas a la infancia
Scioli y las deudas a la infancia
Publicado: 07 Marzo 2014
Por Claudia Rafael
(APe).- ¿Cuál es el sentido filosófico y más medular de la vida? ¿Qué es lo que se está diciendo cuando se posiciona sobre el altar del propio horizonte que “ante el desafío de defender la vida, apelo al esfuerzo conjunto de todos los poderes del Estado”?. ¿Cuáles son los poderes del Estado cuando se habla desde la cima misma del Estado? “Siempre les hablo con franqueza. Nunca prometo fórmulas mágicas”, advirtió Daniel Osvaldo Scioli, desde el estrado de apertura de las legislativas con esa sonrisa tan blanca, tan abierta, tan resplandeciente.
Ese Scioli tan desapasionado. Tan aséptico. Tan desaprensivo y distante (en público, al menos). ¿Cuáles son los poderes del Estado a los que alude desde el vértice mismo del Estado? ¿Cuáles cuando se predica que “como dijo nuestro Papa Francisco, ejemplo de esperanza y de valores para toda la humanidad: ´Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos´”? ¿En qué sillón está sentado cuando pronuncia con grandilocuencia sentencias de las que parece extrañarse?
Daniel Osvaldo Scioli dixit: “Ocuparnos de la niñez es el primer paso para construir un futuro de paz, desarrollo y prosperidad para todo nuestro pueblo” porque –subrayó- “los únicos privilegiados son los niños”. Y agregó, por si a alguien le restaba alguna mínima duda: “Nos lo enseñaron Perón y Evita”.
Mes a mes, desde octubre, se posterga la vida. Esa por la que Scioli apeló a todos los poderes del Estado. Desde octubre –seis meses ya- se vienen sumando, peso sobre peso, los 450 estoicos billetes que la provincia adeuda para los más de 220.000 niños que durante ocho horas diarias juegan, corren, se curan, almuerzan, meriendan, aprenden en los centros de día del programa UDI (Unidad de Desarrollo Infantil). 450 pesos anclados, inmutables, estoicamente inmóviles desde 2009. En una provincia, en un país, en el que “para los poderes del Estado” no hubo inflación. Porque aquello que se niega, no existe. Porque lo que no se ve, no existe. Porque lo que no se pronuncia, no existe. Y los niños, cuando no se los ve, cuando no se los pronuncia desde la palabra hecha acción cotidiana, no existen por más que sean los únicos eternos privilegiados. Por más que en su nombre se advierta que (una vez más Scioli en apelación al eterno General) “se trata de alcanzar la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación”. Y se escriba como escriben los escribas pueblo con mayúsculas. Para darle, aunque más no sea desde el estrado de la palabra escrita, el protagonismo de la historia hecha revolución.
“Los únicos privilegiados son los niños”, dice desde la letanía que persiste como ícono despoblado de carne y de utopía. Como una muletilla vacua lanzada al país que sigue arrojando semillas al mundo mientras sus crías -las más vulneradas, las más frágiles, las más resquebrajadas- se hunden en los barros del desamparo.
El ancho baldío de las infancias vaciadas de ternura no sabe de privilegios. Allí donde el Estado –desde cada uno de sus poderes- enfatiza los infiernos. Donde la inequidad es prerrogativa absoluta y el lodo cubre los abrazos hasta desmembrar la esperanza y destrozarla.
Y la construcción de un “futuro de paz, desarrollo y prosperidad para todo nuestro pueblo” es un discurso vacuo que vendrá históricamente asociado a las migajas, a las microscópicas partículas sobrantes, a la mesa vacía de platos gastados. Un discurso vacuo tan ajeno a la realidad contundente del Hogar parido por Carlos Cajade cerrando sus puertas, de los comedores escolares al borde del abismo, de cada uno de las organizaciones sociales peligrando sus días por sostener contra viento y marea la cotidianeidad de los pibes del desamparo. Chicos cuyas historias fueron torcidas de ese destino de ternura y abrazo por determinación y esfuerzo conjunto de los poderes del Estado.
Edición: 2648
Publicado: 07 Marzo 2014
Por Claudia Rafael
(APe).- ¿Cuál es el sentido filosófico y más medular de la vida? ¿Qué es lo que se está diciendo cuando se posiciona sobre el altar del propio horizonte que “ante el desafío de defender la vida, apelo al esfuerzo conjunto de todos los poderes del Estado”?. ¿Cuáles son los poderes del Estado cuando se habla desde la cima misma del Estado? “Siempre les hablo con franqueza. Nunca prometo fórmulas mágicas”, advirtió Daniel Osvaldo Scioli, desde el estrado de apertura de las legislativas con esa sonrisa tan blanca, tan abierta, tan resplandeciente.
Ese Scioli tan desapasionado. Tan aséptico. Tan desaprensivo y distante (en público, al menos). ¿Cuáles son los poderes del Estado a los que alude desde el vértice mismo del Estado? ¿Cuáles cuando se predica que “como dijo nuestro Papa Francisco, ejemplo de esperanza y de valores para toda la humanidad: ´Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos´”? ¿En qué sillón está sentado cuando pronuncia con grandilocuencia sentencias de las que parece extrañarse?
Daniel Osvaldo Scioli dixit: “Ocuparnos de la niñez es el primer paso para construir un futuro de paz, desarrollo y prosperidad para todo nuestro pueblo” porque –subrayó- “los únicos privilegiados son los niños”. Y agregó, por si a alguien le restaba alguna mínima duda: “Nos lo enseñaron Perón y Evita”.
Mes a mes, desde octubre, se posterga la vida. Esa por la que Scioli apeló a todos los poderes del Estado. Desde octubre –seis meses ya- se vienen sumando, peso sobre peso, los 450 estoicos billetes que la provincia adeuda para los más de 220.000 niños que durante ocho horas diarias juegan, corren, se curan, almuerzan, meriendan, aprenden en los centros de día del programa UDI (Unidad de Desarrollo Infantil). 450 pesos anclados, inmutables, estoicamente inmóviles desde 2009. En una provincia, en un país, en el que “para los poderes del Estado” no hubo inflación. Porque aquello que se niega, no existe. Porque lo que no se ve, no existe. Porque lo que no se pronuncia, no existe. Y los niños, cuando no se los ve, cuando no se los pronuncia desde la palabra hecha acción cotidiana, no existen por más que sean los únicos eternos privilegiados. Por más que en su nombre se advierta que (una vez más Scioli en apelación al eterno General) “se trata de alcanzar la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación”. Y se escriba como escriben los escribas pueblo con mayúsculas. Para darle, aunque más no sea desde el estrado de la palabra escrita, el protagonismo de la historia hecha revolución.
“Los únicos privilegiados son los niños”, dice desde la letanía que persiste como ícono despoblado de carne y de utopía. Como una muletilla vacua lanzada al país que sigue arrojando semillas al mundo mientras sus crías -las más vulneradas, las más frágiles, las más resquebrajadas- se hunden en los barros del desamparo.
El ancho baldío de las infancias vaciadas de ternura no sabe de privilegios. Allí donde el Estado –desde cada uno de sus poderes- enfatiza los infiernos. Donde la inequidad es prerrogativa absoluta y el lodo cubre los abrazos hasta desmembrar la esperanza y destrozarla.
Y la construcción de un “futuro de paz, desarrollo y prosperidad para todo nuestro pueblo” es un discurso vacuo que vendrá históricamente asociado a las migajas, a las microscópicas partículas sobrantes, a la mesa vacía de platos gastados. Un discurso vacuo tan ajeno a la realidad contundente del Hogar parido por Carlos Cajade cerrando sus puertas, de los comedores escolares al borde del abismo, de cada uno de las organizaciones sociales peligrando sus días por sostener contra viento y marea la cotidianeidad de los pibes del desamparo. Chicos cuyas historias fueron torcidas de ese destino de ternura y abrazo por determinación y esfuerzo conjunto de los poderes del Estado.
Edición: 2648
viernes, 14 de febrero de 2014
La Provincia ajusta con la infancia
La Provincia ajusta con la infancia
Publicado: 11 Febrero 2014
Por Claudia Rafael
(APe).- Apenas bastaría para un kilo de pan diario durante 20 días. Apenas, siempre y cuando esos aportes llegaran y se depositaran cada mes como dicen los enunciados. Para el Estado de la provincia de Buenos Aires la atención educativa, sanitaria, alimenticia de más de 220.000 niños que durante ocho horas diarias asisten a centros de día (incluidos en el programa UDI-Unidad de Desarrollo Infantil) debería estar cubierta con quince pesos diarios que, desde octubre de 2013 no paga.
Quince pesos que se traducen escuetamente en el atado de cigarrillos cotidiano del funcionario que entre pitada y pitada sigue arrinconando la firma que nunca estampa sobre la orden de pago. Quince pesos que, multiplicados por algo más de 220.000 costean lujos obscenos y paisajes lejanos a la vez que desguarnecen a instituciones sociales cada vez más debilitadas que, en muchos casos, se ven compelidas a cerrar sus puertas.
Quince pesos al día, escandalosamente estáticos desde aquel 2009 en que el mismo funcionario u otro cualquiera que lo antecedía, triplicaba entre toses y bronquitis su consumo de tabaco. Pero la firma no se estampa desde octubre. En una opción rotunda que significa que son las organizaciones sociales, casas de los niños, programas populares los que subsidian a un Estado que elige ser ausencia fantasmal para esas políticas públicas. Ese mismo Estado se anuncia como prisma de rostros múltiples. Opta y serpentea dónde depositar su mira, dónde ausentar y olvidar, dónde dirigir su plomo rígido y certero.
Fue en octubre de 2013 en que simplemente dejó de pagar. Como tantas otras veces, un mal día no depositó un solo centavo ni al otro, ni al siguiente. La misma cifra detenida en el tiempo, sin variaciones, sin la menor alteración: 450 pesos estáticamente anclados como un mecanismo negatorio de subas e inflaciones desmentidas en discursos vacuos.
Para el IPC Congreso (Indice de Precios al Consumidor medidos por el Congreso) esos 450 deberían ser hoy –producto de una inflación de 111,38 por ciento entre 2009 y 2013- 951,21 pesos. Y el detalle más contundente de la perversidad: el pan (183,3%), la leche (197,5%), la harina (347,1%) o el azúcar (167,8%) multiplicaron infinitas veces más la curva inflacionaria.
E inclusive, para esa entelequia llamada Indec (que reconoce un irrisorio 49,8% de subas) la provincia debería estar abonando mes a mes 674,1 pesos por cada uno esos más de 220.000 chicos que necesitan de las organizaciones sociales que a fuerza de determinación política y ternura los cobijan a diario.
Hace más de cuatro meses que el Estado provincial determinó que –una vez más- la variable de ajuste de sus finanzas serán esos más de 220.000 niños a los que sus políticas públicas decidieron hace demasiado tiempo anclar en el des abrazo y en la des memoria. Niños que llegaron a la vida marcados por el aleteo de un pentagrama abrigador de ternuras. Pero a los que el Estado determinó –como lobo feroz y hambriento- arrinconar a la nada. A ellos y a los que se asoman, como ellos, desde los barros de la desesperanza, desde los ghetos de la desarticulación social, desde las geografías del desamparo y el encierro.
Niños de todos los siglos que fueron penalizados por un Estado que señaló sus frágiles figuras y les estampó como tatuaje indeleble la consigna de la condena eterna. Les demarcó el territorio. Les asignó corazas en sus baldíos perpetuos.
Edición: 2628
Publicado: 11 Febrero 2014
Por Claudia Rafael
(APe).- Apenas bastaría para un kilo de pan diario durante 20 días. Apenas, siempre y cuando esos aportes llegaran y se depositaran cada mes como dicen los enunciados. Para el Estado de la provincia de Buenos Aires la atención educativa, sanitaria, alimenticia de más de 220.000 niños que durante ocho horas diarias asisten a centros de día (incluidos en el programa UDI-Unidad de Desarrollo Infantil) debería estar cubierta con quince pesos diarios que, desde octubre de 2013 no paga.
Quince pesos que se traducen escuetamente en el atado de cigarrillos cotidiano del funcionario que entre pitada y pitada sigue arrinconando la firma que nunca estampa sobre la orden de pago. Quince pesos que, multiplicados por algo más de 220.000 costean lujos obscenos y paisajes lejanos a la vez que desguarnecen a instituciones sociales cada vez más debilitadas que, en muchos casos, se ven compelidas a cerrar sus puertas.
Quince pesos al día, escandalosamente estáticos desde aquel 2009 en que el mismo funcionario u otro cualquiera que lo antecedía, triplicaba entre toses y bronquitis su consumo de tabaco. Pero la firma no se estampa desde octubre. En una opción rotunda que significa que son las organizaciones sociales, casas de los niños, programas populares los que subsidian a un Estado que elige ser ausencia fantasmal para esas políticas públicas. Ese mismo Estado se anuncia como prisma de rostros múltiples. Opta y serpentea dónde depositar su mira, dónde ausentar y olvidar, dónde dirigir su plomo rígido y certero.
Fue en octubre de 2013 en que simplemente dejó de pagar. Como tantas otras veces, un mal día no depositó un solo centavo ni al otro, ni al siguiente. La misma cifra detenida en el tiempo, sin variaciones, sin la menor alteración: 450 pesos estáticamente anclados como un mecanismo negatorio de subas e inflaciones desmentidas en discursos vacuos.
Para el IPC Congreso (Indice de Precios al Consumidor medidos por el Congreso) esos 450 deberían ser hoy –producto de una inflación de 111,38 por ciento entre 2009 y 2013- 951,21 pesos. Y el detalle más contundente de la perversidad: el pan (183,3%), la leche (197,5%), la harina (347,1%) o el azúcar (167,8%) multiplicaron infinitas veces más la curva inflacionaria.
E inclusive, para esa entelequia llamada Indec (que reconoce un irrisorio 49,8% de subas) la provincia debería estar abonando mes a mes 674,1 pesos por cada uno esos más de 220.000 chicos que necesitan de las organizaciones sociales que a fuerza de determinación política y ternura los cobijan a diario.
Hace más de cuatro meses que el Estado provincial determinó que –una vez más- la variable de ajuste de sus finanzas serán esos más de 220.000 niños a los que sus políticas públicas decidieron hace demasiado tiempo anclar en el des abrazo y en la des memoria. Niños que llegaron a la vida marcados por el aleteo de un pentagrama abrigador de ternuras. Pero a los que el Estado determinó –como lobo feroz y hambriento- arrinconar a la nada. A ellos y a los que se asoman, como ellos, desde los barros de la desesperanza, desde los ghetos de la desarticulación social, desde las geografías del desamparo y el encierro.
Niños de todos los siglos que fueron penalizados por un Estado que señaló sus frágiles figuras y les estampó como tatuaje indeleble la consigna de la condena eterna. Les demarcó el territorio. Les asignó corazas en sus baldíos perpetuos.
Edición: 2628
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