Lomas de Zamora se adentra en una pastoral participativa y misionera
Lunes 11 Nov 2013 | 11:16 am
Mons. Jorge Lugones SJ.
Burzaco (Buenos Aires) (AICA): La diócesis de Lomas de Zamora celebró el sábado 9 una “Asamblea del Pueblo de Dios, convocada por el obispo diocesano, monseñor Jorge Lugones SJ, para evaluar los progresos en torno a la “Consulta diocesana” y reformular los objetivos pastorales en coincidencia con los desafíos actuales. El obispo, monseñor Jorge Lugones SJ, guió una reflexión en la que llamó a construir una pastoral participativa, solidaria y misionera. Al final del encuentro, el obispo celebró una misa con la que dio por concluido el Año de la Fe.
La diócesis de Lomas de Zamora celebró el sábado 9 una “Asamblea del Pueblo de Dios, convocada por el obispo diocesano, monseñor Jorge Lugones SJ, para evaluar los progresos en torno a la “Consulta diocesana” y reformular los objetivos pastorales en coincidencia con los desafíos actuales.
La asamblea diocesana es una reunión en la que se hacen presente los sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y laicos referentes de las comunidades parroquiales, las congregaciones, los movimientos e instituciones eclesiales. Allí, monseñor Lugones guió una reflexión en torno a la parábola del dueño del sembradío que convoca a obreros en diferentes horas para trabajar su viña.
Cerca de 2.000 personas oyeron al obispo hablar de la profundización de una “pastoral participativa”, que debido al “cambio epocal” requiere un abordaje dinámico y misional. “Queremos lanzarnos también a lo nuevo que nos presentan los desafíos de hoy, en un sentido comunional, explicó el obispo.
Monseñor Lugones explicó que el dueño de la viña convoca a un trabajo común, que requiere “una Iglesia abierta” con actitud de acogida y apertura de mente, de criterio, de corazón y de participación. También habló de una dimensión solidaria.
“Hay algunos que quizás lleguen en la última hora –ilustró el obispo-.El dueño de la viña, Dios nuestro Padre, nos convoca a todos al servicio, sin distinción. No importa a qué hora llegaron o qué experiencia o antigüedad tengan en la Iglesia. No les hacen pagar derecho de piso”.
El prelado habló de tener una actitud misionera al sostener que la fe no se presupone, sino que se propone: “Nuestra propuesta tiene que ser testimonial. La invitación del Padre es ‘vayan ustedes también a trabajar a mi viña’. Que toda pastoral sea en clave misionera. Todo momento es propicio, y esto hace desaparecer la ilusión de que tenemos que vivir formándonos. De ningún modo despreciamos la formación, pero parece que hay gente que necesita leerse toda la Biblia y conocer todo el catecismo para poder misionar. El misionero es el que va al encuentro”.
Monseñor Lugones pidió también “no parcelar” el trabajo misionero por un movimiento, grupo, capilla o parroquia. “El llamado nos convierte en discípulos y misioneros descentrados en las periferias existenciales. Y hoy sabemos que esas periferias pueden ser incluso la plaza frente a la catedral”, agregó.
Monseñor Lugones también reflexionó sobre la vida que lleva la gente sin fe. Animó a no dejarse llevar por las dificultades y recordó que el don que significa el amor de Dios: “La gente busca a Dios y no sabe cómo. Esta es la viña que hay que labrar, aunque la dificultad nos tape. El Dueño de la vida siembra un amor capaz de ser compartido. No lo hemos ganado con esfuerzo. Hemos sido llamados a contar con un don gratuito. La magnificencia de Dios supera todo privilegio. Somos llamados discípulos a la misión”.
Al final del encuentro, el obispo celebró una misa con la que dio por concluido el Año de la Fe.+

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