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Mons. Lugones pidió a los diáconos “cercanía misericordiosa”

Mons. Lugones pidió a los diáconos “cercanía misericordiosa”  Miercoles 16 Ago 2017 | 10:31 am Lomas de Zamora (Buenos Aires) (AICA): E...

CACHORROS

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miércoles, 22 de octubre de 2014

LUCIANO ARRUGA VICTIMA DE LA BONAERENSE


LUCIANO ARRUGA VICTIMA DE LA BONAERENSE 
 ARGENTINA Y SU POLICIA ASESINA. 

 Cuando en 1983, el periodo de violencia y muerte, a manos de las fuerzas de seguridad, se dio por terminado con la llegada de nuestra actual democracia; todos los que sobrevivimos a esa masacre, respiramos aliviados y agradecidos por tener nuevamente la libertad de expresarnos sin censura, gracias a la incipiente libertad lograda con la sangre vertida por innumerables luchadores; que hicieron frente a la barbarie enquistada en el poder durante muchos años.
 Cuando los tenedores del poder se fueron, dejaron un país colapsado, desunido y sangrando por sus heridas. Todos soportamos la persecución, la desaparición y una guerra cruenta, producto de las ideas alienadas de una dictadura feroz, que nos marco con fuego, el alma y mente de cada uno de los que en ese tiempo, escuchábamos sin cesar “no te metas, algo habrán hecho”.
 Esa frase, aún hoy se tiene guardada y se transmite a cada generación, que muy alejada de esos tiempos tenebrosos, vive alegremente la democracia conquistada por los que ya no están con nosotros.
 Y la democracia trajo consigo la esperanza de vivir, de confiar nuevamente en aquellos, que popularmente se los conoce como nuestros representantes, elegidos en forma democrática y por voluntad popular.
 La nueva forma de gobierno, desconocida para muchos, que solo conocieron el verde oliva de los uniformes, se torno hermosa. Respiramos, “estamos vivos y libres” era el pensamiento de cada uno de nosotros. Cada uno hizo un recuento de las peripecias vividas, comenzamos a preguntar por la suerte de tal o cual, de aquel vecino, al que una noche, las famosas “fuerzas conjuntas” se lo llevaron para nunca volver.
 En esos momentos todos los interrogantes de nuestras azarosas vidas, fueron puestos en conocimiento de la sociedad. Los nuevos gobernantes, nos hacían saber que la Ley, era la garante de los principios de “seguridad y libertad”.
 Y después de tantos años, volvimos a confiar. Dejamos en manos de nuestros gobernantes, la seguridad de nuestras existencias.
 Y así corrieron muchos años, muchos gobiernos, todos con el mismo argumento y la misma promesa, subían por voluntad popular, la pirámide del poder.
 Nunca, cumplieron la promesa empeñada. Miles de cadáveres de ciudadanos inocentes, fueron apilados en los cementerios. Miles de familias dolientes buscan afanosamente la justicia, que resulta esquiva y elude sus responsabilidades.
 Y mientras los legisladores juegan a las escondidas en sus despachos, hay una sociedad que busca desesperadamente sobrevivir, otro día más.
 En ese juego mortal, se emplearon varias técnicas, primero fue, volver armarse para defenderse de los maleantes; el resultado fue deplorable, inocentes muertos y exceso en la defensa, fueron la tapa habitual de los medios.
El gobierno pendiente de nuestras acciones, dispuso ciertas medidas que hicieron desaparecer las armerías. Obligo a entregar las armas en nuestro poder, para garantizar nuestra seguridad, y nos prometió que las fuerzas de seguridad redoblarían esfuerzos para combatir el flagelo de la delincuencia que asomaba.
 Al quedarnos sin armas, vinieron los profetas de las alarmas domiciliarias, que te instalaban una sirena en el techo de tu casa y sensores en las aberturas. Te juraban que de esta manera, los ladrones no se acercarían por el lugar. Todo un engaño; cuando venían te sacaban hasta la alarma.
 Y así llegamos a la era del hierro; a recuperar el viejo oficio del herrero, tan olvidado en el tiempo. Las casas comenzaron a lucir, rejas de todo tipo, con o sin adornos, en puertas , ventanas, en el patio, en el ventiluz del baño, y en la cucha del perro.
 Un día, al sentir que algo nos faltaba, nos paramos frente a nuestra casa, la observamos fríamente, y nos dimos cuenta que ya no era, ese hogar en el que solíamos tomar mate en la puerta con la familia, mientras saludábamos a los vecinos que pasaban.
 Se había transformado con el correr del tiempo, en una copia irreal de una prisión. Se convirtió en nuestra cárcel, en el refugio al que corríamos presurosos al caer las primeras sombras en busca de la tan ansiada seguridad.
 Nuestros lamentos por la tediosa y salvaje vivencia ciudadana, llego a oídos del poder político, que presuroso, tomo injerencia en la catastrófica situación, promulgando diversas leyes que en la practica resultaron ser lo que se llama “la puerta giratoria” de la justicia. Por ejemplo, a Ud., lo asaltan y detienen al ladrón. Y mientras Ud., sigue esperando que el oficial de turno le formalice la denuncia, el sospechoso ya esta en libertad.
 Estas situaciones resultan deplorables, pero es la realidad, de una justicia imperante en nuestros días.
 Y después de toda estas miserias vivenciales, la delicada tarea de prevención y seguridad fue dedicación especial de la policía, que una vez fue llamada la “mejor policía del mundo”. Y aquella fuerza de seguridad, cómplice de los tiempos dictatoriales, tomo para sí el trabajo de dar la prevención y seguridad que la sociedad espera de cada gobierno.
 De esta manera se delego en la Bonaerense, funciones propias del poder judicial: indagar, detener, allanar, requisar. Tarde se comprendió el error en el que habían caído. El desmadre se produjo con el correr de los días, y nuevamente la siniestra sombre del poder absoluto, emergió de la lampara a la cual, la democracia lo había destinado.
 Los “patas negras” integrantes de la Bonaerense, se hicieron la fama de duros, de violentos, e implacables. Asesinatos, secuestros, trafico de drogas, y áreas liberadas, son el especial trabajo que los mueve; todo lo que produce dinero, es la tarea con dedicación exclusiva, a la que adhieren muchos integrantes de esta malograda fuerza, acciones deleznables que cultivan con ahincó y esmero.
Y así, comenzó este raid de violencia asesina por parte de una fuerza de seguridad que en teoría tiene como misión, la de velar por la seguridad de los ciudadanos.
El delito por parte de los integrantes de la Bonaerense, alcanzaron la cúspide de la fama en la tapa de los principales diarios del país. La sociedad informada de la cruenta realidad, realizo marchas, reclamos, solicitadas, en busca de la seguridad tanta veces prometida.
 Nada pudo torcer el camino de la desgracia encausada en manos de la Bonaerense.
En el camino quedaron los cadáveres de aquellos que molestaban la actividad ilícita de la fuerza:Cabezas, Lopez, Kosteki, Santillan y ahora también descubrimos con horror, el cuerpo de LUCIANO ARRUGA, un menor de tan solo 16 años, que se opuso a las ordenes ilegales de la Bonaerense, al negarse robar para ellos y tuvo la osadía de denunciarlos; hecho que marco el final de su vida.
 Los libros con nombres de las víctimas de la Bonaerense, llenarían una biblioteca. En todos los resonantes hechos de violencia, estuvo la mano de la Bonaerense. Las masacres de inocentes por “equivocación” o de manera deliberada fueron conocidas en el mundo; en la historia se cuenta la “masacre de Budge”, la “masacre de Andreani”, “la masacre de Sarandí” y tantas otras.
 Dentro de este espiral de violencia, el poder político encarnado en la figura del ultra católico cristiano converso Daniel Scioli, jugaba al distraído mientras sus pies se teñían con la sangre de vecinos inocentes. Lleno de vanas promesas, se presento durante estos años a la sociedad en peligro y juraba tener las medidas adecuadas para combatir el delito. Investido ahora de su nueva fe, y mostrando cada vez que puede, su cercanía con el Papa Francisco, se conmovió hasta las lagrimas al pedir públicamente, el esclarecimiento del hecho, cuando a un “famoso o pariente de...”, eran las victimas.
 La familia de LUCIANO ARRUGA, mendigo JUSTICIA, por varios años, sin que SCIOLI, escuchara el pedido. Solo tras haberse comprobado que LUCIANO estuvo en la dependencia policial denunciada, atino a desmantelar la misma, para construir un espacio por la memoria del chico desaparecido.
En tanto los sospechados de la desaparición forzada en tiempos de democracia, continuaban trabajando en otras dependencias policiales, pero con la promesa de que iban a ser investigados.
 ARRUGA, se debe estar revolcando en su tumba al ver tanta hipocresía, el no es hijo de un “famoso o pariente de....” por eso, la investigación de su caso no reviste importancia.
Ahora ante este escandaloso hecho policial-político su nombre estará en los diarios uno o dos días, para ser sepultado ante la sociedad, por su inconveniencia política en vísperas de elecciones.
 Es que a SCIOLI,no le conviene políticamente que trascienda en demasía el hecho, que se sepa con mínimos detalles la tragedia producida en estos tiempos por la Bonaerense, y con el ocultamiento pretende ignorar una vez mas que la fuerza de seguridad que esta bajo su responsabilidad directa, hace lo que quiere y le viene en gana. No quiere decir que como Gobernador es cartón pintado, no sabe, ni puede garantizar la seguridad de los vecinos y muchos menos poner en cause a la policía.
 Mientras sus aspiraciones presidenciales enceguecen sus sentidos, el vecino, paga con su vida la ineficiencia de su persona. A veces la torpeza, es rayana con la estupidez. Y si no podes manejar una bicicleta, ¿para que querés subirte a un auto?
 El mundo tan ávido de conocer nuestro país, debe saber que el territorio de la Provincia de Buenos Aires, al igual que su hermana Santa Fe, esta en manos de la delincuencia, consecionada por una policía que tiene en sus filas, activos miembros delictivos que no escatiman esfuerzos para asesinar a quien se oponga a su trabajo “especial”.
 Quien escribe, esta amenazado por miembros de la bonaerense, hice la correspondiente denuncia, y tuve que emigrar a otros lares, para conservar mi vida.
 Nadie del poder político, se interesa por lo que le suceda al vecino, solo piensan en las elecciones. En ese arreglo o pacto, que los mantenga vivos en la escalera del poder.
 Si sos turista y pensás venir a nuestro país, trata de no pasar por esas provincias, y si lo haces por sentirte un poco aventurero, te deseo suerte.

 Alfredo Silverio Rodriguez 
DNI.11.894.278 
Almirante Brown Seguridad Ciudadana

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