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Mons. Lugones pidió a los diáconos “cercanía misericordiosa”

Mons. Lugones pidió a los diáconos “cercanía misericordiosa”  Miercoles 16 Ago 2017 | 10:31 am Lomas de Zamora (Buenos Aires) (AICA): E...

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viernes, 20 de febrero de 2015

Mons. Lugones: “La Cuaresma es un volver a Dios con nuestras cargas y las de los otros”

Mons. Lugones: “La Cuaresma es un volver a Dios con nuestras cargas y las de los otros”
 Viernes 20 Feb 2015 | 07:55 am
Lomas de Zamora (Buenos Aires) (AICA): El obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones SJ, destacó que “la Cuaresma como tiempo de conversión es un volvernos a Dios” y aseguró que “volver a Dios con nuestras cargas y las de los otros, volver en nuestro camino, requiere pararse y comenzar a desandar el camino”. “A veces volverse del camino ayuda a descansar, a encontrarnos con otros, a preguntar, a pedir ayuda. Otro modo será un volvernos de nuestras actitudes duras en la familia, la falta de respeto, de escucha, de diálogo, de comprensión, de cariño y afecto, faltas de perdón, de cercanía”, precisó.

 El obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones SJ, destacó que “la Cuaresma como tiempo de conversión es un volvernos a Dios” y aseguró que “volver a Dios con nuestras cargas y las de los otros, volver en nuestro camino, requiere pararse y comenzar a desandar el camino”.
 “A veces volverse del camino ayuda a descansar, a encontrarnos con otros, a preguntar, a pedir ayuda. Otro modo será un volvernos de nuestras actitudes duras en la familia, la falta de respeto, de escucha, de diálogo, de comprensión, de cariño y afecto, faltas de perdón, de cercanía”, precisó.
 “Desandar el camino de nuestro egoísmo, comodidad, distancias, tibieza, sequedad. Volver a Dios con la confianza de que Él nos puede sacar de la inercia, de la falta de creatividad para el bien, de estar ya instalados, de sentirnos más que otros, de haber ganado un lugar, de aferrarme a mis esquemas o mis ‘logros’. Jesús puede regalarnos de vuelta su gracia pues es: el camino, la verdad y la vida”, agregó.
 El obispo precisó también lo que significa volver a Dios tanto para consagrados como para sacerdotes.
 “Para volver a Dios la Cuaresma nos presenta la oportunidad de desandar el camino, pues como dice el poeta: ‘el mucho camino empaña el horizonte’. Es un camino hacia la pasión, nuestro horizonte está en la cruz, desde allí nos mira el Señor, si buscamos su mirada, si nos volvemos a su mirar con todo el corazón, es posible que su gracia nos alcance, como su mirada, con toda la ternura de Dios”, señaló.
 A quienes dicen “no me animo a volver”, “no me encuentro en este volver”, “cómo hago”, “es difícil el retorno”, “no puedo ver a Dios”, monseñor Lugones les recordó que “junto a la cruz está la Madre, ella mira de una manera distinta, a sus hijos, y a los acontecimientos del mundo. Ella finamente nos irá haciendo volver, y de a poco podremos encontrarnos con los ojos del Hijo, y hasta escucharlo: ‘Vengan a mi todos los que andan agobiados, yo los aliviaré’”.
 “La Cuaresma tiene una meta, la Pascua del resucitado: si nos dejamos mirar, si nos volvemos con todo el corazón, nos abrirá él mismo su costado para contemplar, un poco más de su gran amor, de su cercanía, de su bondad y de su gloria”, concluyó.+

 Texto completo del mensaje
“Cuaresma: tiempo de volvernos a Dios” 
Mensaje de monseñor Jorge Lugones SJ, obispo de Lomas de Zamora, para la Cuaresma 2015 

 Dice el profeta Joel: "Vuelvan a mí de todo corazón…". La Cuaresma como tiempo de conversión es un volvernos a Dios. 
 Volver a Dios con nuestras cargas y las de los otros, volver en nuestro camino, requiere pararse y comenzar a desandar el camino. 
 A veces volverse del camino ayuda a descansar, a encontrarnos con otros, a preguntar, a pedir ayuda… 
 Otro modo será un volvernos de nuestras actitudes duras en la familia, la falta de respeto, de escucha, de diálogo, de comprensión, de cariño y afecto, faltas de perdón, de cercanía… 
 Desandar el camino de nuestro egoísmo, comodidad, distancias, tibieza, sequedad... volver a Dios con la confianza de que Él nos puede sacar de la inercia, de la falta de creatividad para el bien, de estar ya instalados, de sentirnos más que otros, de haber ganado un lugar, de aferrarme a mis esquemas o mis “logros”. Jesús puede regalarnos de vuelta su gracia pues es: el camino, la verdad y la vida. [c] 
 Como consagrados será un volver al amor primero, a la llamada del Señor, confiarnos nuevamente a su intimidad, a la mirada profunda que nos devuelva el fervor, el sentido profundo y humano de la vida en comunidad, la caridad primera. Dirá Pablo: [c]éste es el tiempo favorable… hoy es el día de la salvación. 
 Como sacerdotes volver del camino rutinario, que acomoda y achancha, que no deja lugar a la sorpresa y al servicio desinteresado. Volver de mis cansancios, seguridades, de mi afecto desordenado, de lo ya conseguido, de mis criterios esclerosados, hacer valer mi orden jerárquico… Volver con todo el corazón implica jugarme el corazón, ponerme nuevamente en la cola de los necesitados, dejarme mirar nuevamente por el siervo sufriente de Isaías, y animarme a ser curado en sus llagas. El podrá hacerme ver desde su mirada salvadora toda mi verdad, desde su caridad infinita.
 Para volver a Dios la Cuaresma nos presenta la oportunidad de desandar el camino, pues como dice el poeta: "el mucho camino empaña el horizonte". Es un camino hacia la pasión, nuestro horizonte está en la cruz, desde allí nos mira el Señor, si buscamos su mirada, si nos volvemos a su mirar con todo el corazón, es posible que su gracia nos alcance, como su mirada, con toda la ternura de Dios.
 Algunos dirán: no me animo a volver, no me encuentro en este volver, cómo hago, es difícil el retorno, no puedo ver a Dios... entonces recordemos que junto a la cruz está la Madre, ella mira de una manera distinta, a sus hijos, y a los acontecimientos del mundo. 
 Ella finamente nos irá haciendo volver, y de a poco podremos encontrarnos con los ojos del Hijo, y hasta escucharlo: [/n]Vengan a mi todos los que andan agobiados, yo los aliviaré... [/n] 
 Finalmente, la Cuaresma tiene una meta, la Pascua del resucitado: si nos dejamos mirar, si nos volvemos con todo el corazón, nos abrirá él mismo su costado para contemplar, un poco más de su gran amor, de su cercanía, de su bondad y de su gloria. 

 Mons. Jorge Lugones SJ, obispo de la Diócesis de Lomas de Zamora

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